UN RELATO GUERRILLERO, POR UNA NUEVA COLOMBIA

Como todo el mundo lo sabe hay personas que en su deseo de ayudar y proteger al más débil, y como vivimos en un mundo en el que la injusticia se ha convertido en el pan nuestro de cada día, algunos compatriotas tomaron la decisión de unirse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC EP, al surgimiento de esta o años después.

En nuestro país día a día vemos pobreza, desigualdad, enfermedad, desespero y hasta muchas personas han atentan contra su propia vida cuando ven que el país y ellos mismos sucumben con rapidez a estos males que afectan la sociedad colombiana.

A pesar de que son derechos fundamentales para la vida o como un mínimo vital, en nuestra carta magna la Constitución Política de Colombia nada de eso lo cumple nuestro Estado, pues se han dedicado a servirse entre ellos mismos dejando a los más pobres en total desamparo.

Muchos guerrilleros, personas que ingresaron a las filas de las FARC en nuestro país, lo hicieron porque querían un cambio y que la desigualdad no ocupara el lugar que ocupa en estos momentos en las estadísticas de nuestra nación. Dejaron a sus familias, algunos a sus hijos y se unieron a un grupo insurgente o alzado en armas con un sentir: “La Nueva Colombia”. Este pensamiento del que doy fe lo vi en la antigua zona de distención creada para los diálogos de paz, pero como todos sabemos hay momentos en que el ser humano por distintas razones pierde su ideal, y algunas de estas personas se dieron cuenta que dentro de la guerrillerada había también desigualdad y corrupción.

El hambre y la miseria fueron el impulso que los llevó (en algunos casos) a tomar las armas ya no había el ideal principal en algunos comandantes y líderes de dicho grupo. ¿Cómo es posible que dentro de estos grupos hubiera menores de edad obligados a luchar por algo que ni siquiera ellos sabían?.

Uno de los casos que más me impresionó fue que alguno de los jóvenes o niños no portaban fusil, cargaban consigo un pedazo de madera como si fuera su arma y con una orden que en cualquier enfrentamiento donde muriera un soldado del ejército colombiano ellos deberían tomar el fusil para que fuera su arma y compañera inseparable desde ese momento.

Era tal la corrupción, la desigualdad y el desenfreno de aquellos líderes guerrilleros que inspirados por una Colombia mejor cayeron tan bajo, atemorizando al pueblo, por sus actos y no se ganaron del todo la confianza del campesinado, es lo que pude ver y comprobar. También noté que lógicamente sí había gente con la esperanza viva y una lucha frontal por un país mejor. Siempre vi guerrilleros o comandantes que defendían el pueblo y sus derechos, protegían a la niñez cuando estaba a su alcance y se ganaban la confianza de la gente. Un 10% quizá de ellos, que tenían la revolución en su mente y llevaban en su corazón el liderazgo de ser guerrillero en Colombia.

Concluyo con esto, Colombia ha perdido el horizonte, pues todos los argumentos sean Estatales o fuera de la ley no han tenido ningún resultado, pues aquí se violan derechos fundamentales, se oprime al más débil y se matan por el poder o por el dinero; la FARC-EP se acabó en Colombia como grupo alzado en armas o insurgente, pero aun en Colombia no se ha terminado la guerra: unos contra otros, creando mucha más pobreza y desigualdad, los ricos más ricos y los pobres más pobres.

Solo queda decir, que no hay ninguna esperanza en los seres humanos, aún queda en Colombia un sentir de cambio en aquellos que no nos dejamos apoderar por la desesperanza, Colombia un día será grande, con un lema diferente llamado: “La Gran Colombia”

German Gómez

Líder social, creador y director de la Fundación Avivamiento.

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