Saulo Aguilar

Me llamo Saulo Aguilar Bernés. Hace 28 años nací en Chetumal, capital de Quintana Roo y aquí sigo. Soy escritor, gestor cultural y representante popular

Solo escribo narrativa porque eso de la poesía me gusta, pero no me gustaría ser poeta. En 2019 la editorial Capítulo Siete de la CDMX publicó un libro de relatos de mi autoría que se llama “Cosas del Juego”, algunos de esos relatos me hicieron acreedor a la beca Interfaz en el 2017, un par fueron traducidos al polaco y al italiano. En el 2020 obtuve la beca del FONCA para escribir otro libro de relatos y en eso ando.

También soy gestor cultural por equivocación, porque desde hace 10 años que organizo shows de hardcore punk, presentaciones y ferias del libro. Desde hace unos 4 años que coordino una editorial llamada Gazapo con la que hemos editado varios libros bajo el principio del Hazlo Tú Mismo

Desde muy morro me volví chairo, luego me puse a militar en la izquierda mexicana. Como soy abogado —cosa que oculto porque preferiría decir que soy poeta antes que abogado— he sido asesor en temas políticos y culturales, también fui director de cultura del municipio de Othón P. Blanco (Chetumal). Hoy soy Regidor electo en el ayuntamiento y creo que mi labor será la sencilla tarea de luchar contra la mierda de siempre sin vender mis principios. Pero todo relax.

La verdad es que me gusta más definirme como un humorista amargado. Escribo con humor para llevarle la contraria al mundo.

Saulo, dada tu experiencia como escritor ¿Cuáles consideras que son las principales razones que llevan al ser humano a comportarse como piratas -es decir, extraer y derrochar todo tipo de especies vivas en función, no de la supervivencia sino, tristemente, del abastecimiento como espectro de Poder-?

Considero que es un mal intrínseco del sistema capitalista. Se nos ha enseñado a devastarlo todo en función de los intereses generados por un sistema cuyo único móvil es la oferta y la demanda. Por eso los recursos naturales no pueden considerarse propiedad comunal ni hay un respeto a la dignidad humana o el entorno. Por eso en el capitalismo la condición humana no es importante. Todo lo que domina el mercado excluye de todo criterio humanístico. No es casualidad que en la literatura sea más importante vender cualquier cosa. Se venden más libros de fácil escritura como los de Cohelo, Bucay, libros de superación personal y novelas de fórmula. En el cine abundan las películas de superhéroes o los refritos. No es que me ponga exquisito y odie este cine, sino que el mercado nos muestra como el consumo ha relegado al propio arte a la marginalidad. La historia de Hollywood nos puede dar una pauta

¿Consideras que las Constituciones y leyes Estatales deben tomarse como Guiones/Libretos inamovibles o que deben ser interpretadas y dirigidas por los líderes sociales y ambientales de los territorios?

Hay que hacer cambios sociales profundos para tener cambios culturales notorios. Esto implica trabajar a nivel filosófico, político y humano. Creo que satanizan tanto a Marx porque nos dio la mejor lectura del desastre posible y por que ha sido el móvil de miles de intentos por cambiar un sistema que promueve la guerra, el hambre y produce tecnología con una finalidad meramente comercial. Soy abogado y soy político también, digo con conocimiento de causa, que la labor de un ciudadano no es interpretar la ley, eso les corresponde a los jueces, pero la ley debe ser clara y contemplar la realidad social. Toda ley es ideología. Por eso hay que contemplar la diversidad en la ley. También deben considerarse los usos y costumbres, las grandes enseñanzas de los pueblos originarios sobre el territorio. Una sociedad es dinámica y una constitución un gran acuerdo.

¿Asesinarlos no constituye, acaso, un crimen contra la sociedad y la salud presente y futura de cualquier sociedad (de izquierda, derecha, social demócrata e incluso autoritaria)?

Asesinar a dirigentes sociales es inaceptable. El autoritarismo puede existir en cualquier sistema, pero creo que un sistema de derecha o capitalista simplemente no mira las necesidades sociales. Tampoco creo en que haya que “gobernar con mano dura”, siempre es mejor dialogar. Aceptar que tenemos que ponernos de acuerdo con nuestros semejantes y llegar a consensos. Como en el arte, habrá muchas opiniones y puntos de vista, como puede haber muchos gustos. En lo privado no importa tanto, pero en lo social hay que ponernos de acuerdo.

¿Qué estrategias y acciones has utilizado para detener a los piratas de sociedad? ¿Qué tan efectivas y eficientes han sido y cómo mejorarlas?

Yo me involucro. Milito desde hace muchos años y soy activista cultural. No hago de mi obra un panfleto, pero soy un humorista, la sátira y la ironía siempre las utilizo para burlarme del poderoso, pero también para quejarme de lo injusta que es la realidad. Supongo que es parte de mi formación o de mi visión del mundo. Creo que involucrarse ayuda, vale la pena hacerlo por la vía electoral y por la vía social. Todo lo que podamos hacer para tener un mundo mejor, más igualitario e incluyente es bienvenido.

Dada tu experiencia en el desarrollo de festivales y encuentros internacionales de Escritores, ¿Consideras que estos espacios están demasiado enfocados en aspectos comerciales y publicitarios de los artistas y han descuidado el Humanismo y la Filosofía? ¿Qué propondrías para resarcirlo?

Creo que sí, que ahora importa más vender el libro de un youtuber que conocer la obra de un autor contemporáneo increíble como Alejandro Zambra, por ejemplo. Las editoriales también son trasnacionales que tratan de competir en el mercado global y para ello venden más libros de recetas de cocina o cosas por el estilo. Escribir en serio, tratando de hacer una obra solida que tenga estilo propio sin perder de vista la calidad -sí, hasta en términos canónicos- es una manera de resistir. También hay quien prefiere llevarle la contraria al canon y creo que está bien. El chiste es no perder de vista que hay una relación humana del autor o autora para con el texto y del texto con la gente que lo lee.

Yo propongo que haya cada vez más espacios que incluyan a otras voces. Desde las editoriales, desde las ferias del libro, desde todo aspecto hay que tratar de generar diálogo con el público y entre gente creadora. Creo que eso es fundamental

Placebo

Tuve un cuento atorado por varias semanas hasta que salió por las costillas. Aquello no me detuvo, de hecho, escribí bastante durante esos días: capítulos de una novela, otros cuentos, algunos artículos contra la literatura folclorista de Quintana Roo, pero de ese cuento nada. Y el tiempo acababa, porque aquello era para una adaptación a un cortometraje y tenía que entregarlo.

De ese texto solo podía escribir basura, como si me estuviese impedido. Quizá porque la idea principal no fue mía sino una sugerencia del director: “Quiero un cuento que trate sobre dos adolescentes punks que quieren huir de su pequeña y conservadora ciudad”. Acepté porque en mi mente todo fue muy claro al momento de leer sus palabras. Al fin y al cabo, yo fui un adolescente punk en una ciudad pequeña y conservadora llamada Chetumal. Pero el bloqueó continuó.

La primera noche fue de escribir cualquier cosa y con eso me refiero a líneas y líneas de nada que valiese la pena. En la segunda todo fue tan fácil
y tan fluido que mi detector de mierda se activó de inmediato, cuando leí lo
que había escrito todo me pareció muy cursi e hice lo más creativo y artístico que pude: seleccioné cuatro cuartillas completas y presioné la tecla para
eliminar. El proceso de la segunda noche pasó a ser el de la tercera, luego
el de la cuarta y así sucesivamente hasta que el sábado llegó acompañado
de un dolor en el pecho que me obligó a tomar algunas pastillas para mitigar la punzada.

La semana siguiente escribí un cuento sólo para contrarrestar el bloqueo, como cuando el médico te dice “no coma picante” y vas y comes un chile habanero para reafirmar tu autonomía. Fue sencillo así que pensé que estaba en forma como para avanzar lo que fuera de aquel cuento atorado, pero no.

Insistí durante horas, desperdiciando varias horas. Cuando decidí no escribir más la punzada volvió acompañada de una sensación de calor que bajó al estómago y me hizo dar arcadas. No vomité. Me desmayé y mi novia me encontró tirado en el suelo de la cocina.

Desperté en la sala de emergencias de una clínica privada. Es ansiedad, dijo el doctor. Me recetó reposo absoluto, así que me propuse terminar aquel cuento con el tiempo libre y mandarle algún avance al director del corto, que no dejaba de mandarme correos electrónicos y mensajes privados al face.

De regreso en casa tomé mi cuaderno y llené folio tras folio con la historia de los chicos punk, a mano. Todo en un arranque de inspiración y rabia. Los hice tener una banda que se llamaba “Mocoso”, enamorarse de otras chicas punk de su edad que conocían en una tocada, matar al abuelo de uno de ellos para cobrar la herencia y sacar su demo. Así pasé tres horas escribiendo desde la sangría hasta el punto final. Para cuando terminé de leerlo en voz alta (siempre hago esto como en señal de triunfo por terminar un texto) sentí que me faltaba algo más, pero era tarde y estaba cansado.

Supuse que el dolor volvería y espere un rato. De nuevo leí en voz alta, el cuento comenzó a gustarme un poco. Me quité la ropa, fui a la cama y me eché al lado de mi novia, teniendo cuidado para no despertarla. Está superado, me dije. Después cerré los ojos hasta quedarme dormido.

Ni siquiera recuerdo lo que soñaba cuando el dolor me despertó. Mi novia también se despertó al escucharme gritar. Aquí vamos otra vez, le dije. La punta sobresalía de mi piel estirándola hasta el punto de hacerla de un color rojo translucido.

Mi novia me pidió que me recostara. Yo no le respondí, el dolor no me dejaba ni hablar. Respirar me dolía, mi sudor se enfrió tanto que me sentí dentro del congelador.

De pronto mi cuero se reventó haciendo un chasquido y la sangre comenzó a brotar de poco en poco. Era el cuento.

Si no salía rápido me iba a morir del dolor o de una hemorragia interna, así que tomé la punta del cuento con los dedos, y comencé a jalar. Este comenzaba a salir de poco en poco, ensanchando la perforación en mi costado, abriéndose paso y desgarrando mi carne. Cuando sentí que el final se aproximaba jalé tan duro como las fuerzas me lo permitieron y salió acompañado de un borbotón de sangré mal oliente.

Mi novia dio un salto desde la cama a la puerta de la habitación, luego corrió hacia el baño por una toalla y el botiquín de primeros auxilios. Cuando regresó, la herida ya se había cerrado. Sólo usé la toalla para limpiarme la sangre escurrida por la panza y las piernas. También limpié el puntiagudo cuento y lo sostuve un rato, observándolo.

Abrí el armario, destapé la caja de archivo y eché el cuento con todos los demás que alguna vez estuvieron atorados. Luego abrí la laptop y mandé un e-mail al director aquel:

“Esta semana te mando algo, disculpa.”

Me eché a la cama como un bulto y di las buenas noches. Deja de hacer eso, me dijo ella. No puedo evitarlo, a veces pasa, le respondí.

Cerré los ojos y me quedé dormido.

Del libro Cosas del Juego – Saulo Aguilar Bernés

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