Sara Leo

Soy Sara Leo, Técnico superior en dietética, Escritora, nacida en Valencia (1987), una adicta al mar y a las letras. 

Empecé a mostrar públicamente mis escritos hace unos seis años, pero en realidad toda mi vida estuvo llena de libretas y bolígrafos. Escribo porque a veces mi mundo se me queda pequeño y necesito vomitar todo lo que llevo dentro. Me inspiran la lluvia, la música y el silencio. Si me pierdo siempre tengo a mano un papel, y entonces todo vuelve a estar en su sitio. 

Tengo dos libros auto editados: Iridiscencia (2016) y Acaríciame los miedos (2017) y tres poemarios que llegaron tras ellos: Después del huracán (2018), Herida limón y sal (2019), y el recientemente publicado en plena pandemia, Ni contigo ni sin mí (2020). Suelo participar en diferentes eventos culturales, en recitales de poesía y música, o en ferias del libro del país (España). 

Soy una fanática de los atardeceres. Podría pasarme las horas fotografiándolos; me encanta la fotografía, buscar el detalle y la inspiración también en ella. Me gusta conocer lugares nuevos, me sorprendo fácilmente por lo que cualquier sitio a descubrir me resulta fascinante y objeto de mi curiosidad. 

-Sara, ¿Se puede amar, ser feliz y escribir tragedia, o es la tragedia la que nos inspira a escribir historias felices? 

Pienso que se puede escribir algo triste, aunque estés en un momento feliz de tu vida. A fin de cuentas, la felicidad son instantes, y un día estás arriba y al siguiente quizás no tanto, pero el proceso continúa. 

Se dice que cuando se está pasando por un mal momento o por algún desamor estamos más inspirados; tal vez porque el dolor ahonda tanto que sale con más garra y necesitamos arrancarlo de nuestro interior para sanar, puede que fluya más rápido a la hora de escribirlo. Aun así, creo que las cosas sencillas de la vida y del día a día también son fuente de inspiración. 

-¿Qué opinas de los escritores que escriben sobre amor/desamor toda su vida? 

Opino que es totalmente lícito. Al final el amor y el desamor mueven gran parte del mundo, y no sólo se trata de romance, hay otras expresiones que también están allí, tejiendo sociedad. El amor y el desamor pueden estar enfocado a un familiar, un amigo, una mascota o incluso hacia uno mismo. 

Partiendo de esa base es factible escribir sobre muchas cosas, pero supongo que cada persona tiene su estilo, y al final eso es lo que nos diferencia, la esencia con la que uno escriba, independientemente de centrarse solo en esta dualidad o ampliar el campo a otros sentimientos. 

– Actualmente los escritores también se están volviendo influenciadores. ¿Cómo garantizar la calidad en la escritura y las buenas obras literarias ante la tentación de escribir lo que la mayoría del público quiere leer, que suele ser efímero e intranscendente? 

Entiendo que la pregunta está relacionada con el tema de las redes sociales. Si bien es cierto que son plataformas de difusión con doble filo, quizás no todo debería valer, pero aquí no hay filtros y eso a veces resta calidad literaria. 

Igualmente, todos somos conscientes de que las redes sociales se mueven mucho por el número de seguidores o reacciones que pueda alcanzar una publicación, volviendo la dinámica en parte peligrosa, pero dando un voto de confianza al quien se lanza humildemente a compartir su trabajo con el fin de que éste llegue al lector, lo cual le hace merecer un interés por parte de este mismo acerca de sus trabajos, o asistir a algunos de los eventos en los que participa. 

A fin de cuentas, una red social sólo nos deja mostrar una pequeña parte, muchos de nosotros hacemos vida fuera de una pantalla. Hay mucho esfuerzo detrás que no se limita únicamente a publicar una frase o fragmento de un texto. Usamos estas plataformas (por al menos yo) como complemento de eventos presenciales, pero en esencia pueden ser combinados para consolidar nuestra imagen. Lo importante finalmente, es crecer como artista.

PAUSA

Llevo a la primavera enredada
mientras florece el miedo en mis entrañas.
La confianza es un arma de doble filo
porque corta si la dejas
en manos de cualquiera
y escuece si nunca la tienes en las tuyas.
He vuelto a pensar si merece la pena mostrarle al mundo tus sentimientos.
Si en un descuido
harán de tu fragilidad un juguete.
Si compensa cargar sonrisas
en una pantalla
que nunca fue espejo del alma.
He rebuscado entre mis heridas
todos los porqués
que dejaron en interrogante a mi vida.
Me escuecen los ojos
de leer entre líneas tanta tristeza disfrazada de felicidad.
Doy un paso atrás
cada vez que llego al precipicio
por miedo a planear
sobre tanta superficialidad.
He vuelto a hacerlo,
sentirme pequeña en una ciudad
que le queda grande a mis sueños.
Siento la necesidad
de encerrarme con llave por dentro.
De coger un atajo al centro de mi cabeza
y ordenar en estantes
esta colección de miedos.
De borrar los complejos
de mi lista de deseos.
De que este silencio deje de doler.

OLVIDO

He visto al olvido
llevarse una parte de ti.
Has vuelto a dejarte mi nombre
en un cajón.
Ahora que los días son hojas en blanco
y las noches largas de manos frías aferradas a la almohada.

Ahora que cuentas insomnios
con todos los dedos
y guardas sueños en tus pestañas.

Ahora que pides auxilio al tiempo.
Que aprietas los ojos como cerrando capítulos de un libro que nunca acaba bien.

Ahora que pesa la vida.
Y los años.
Te sientas a los pies de una cama vacía

y a la vez tan llena de recuerdos
que bailan desordenados en tu cabeza.
Y se te escurre una lágrima por la mejilla.

 

NOTIFICACIONES

No es cosa de dos el amor
si ya no se mueve por dentro.
Has abierto la boca
y han echado a volar
todas tus mariposas.
He abierto los ojos
y ahora todo se ha llenado de luz.

No tengo ni un beso en la lengua.
He puesto en modo avión al corazón para que no entren tus notificaciones.

EL PORTAZO DEL AMOR

La fragilidad de la piel se mide por la cantidad de besos
que se quedaron a medio camino en su columna vertebral.
Por todas las caricias
que no llegaron a tiempo a su cita.
Por la impuntualidad de un abrazo.
Por las lágrimas atropellando recuerdos.
Por las notas de voz
que se nos quedaron en la garganta.
Por las sábanas pegadas al deseo
que dejó por la mañana la casa vacía.
Por las manchas de rutina en nuestra ropa.
Nos dejamos los nudillos
llamando a la puerta de un futuro
que nunca contó con nosotros.
El portazo nos lo dio el amor en la cara.

Sara Leo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba