Real Academia Española (RAE)

Carolina Valencia

Aviso por escrito que la parte empleadora dirige a la parte trabajadora, dándole a conocer su voluntad de dar por terminado el contrato de trabajo.

Así de vez en vez, miles de personas alrededor del mundo se encuentran este término en sus vidas, lo más aterrador o más bien, discriminador, es cuando sufren el desahucio laboral por una condición de salud diferente o cuando tienen una posición que incómoda a los mandos superiores como por ejemplo: Pertenecer a un sindicato u organización que reivindique los derechos de las minorías, defensores de los derechos humanos o derechos de la mujer. Sin tener en cuenta que en el primer caso, al menos que sea una condición de salud que no afecte las funciones cerebrales, son aptos para desempeñar las tareas que se les han asignado con resultados excelentes, sin tacha alguna y sin faltar en los compromisos en la mayoría de los casos.

Entonces según lo dicho una persona con discapacidad motora, cognitiva, en silla de ruedas, con una enfermedad crónica sin un brazo, una pierna o ya sean ciegos, mudos o sordos ¿No reúnen las cualidades necesarias para laborar? Claro que sí las reúnen, obviamente algunas de estas condiciones son incapacitantes en determinadas ocasiones, pero no implica incapacidad total para el desempeño de tareas laborales y/o creativas.

Estos hombres y mujeres (Sin ánimo de desmerecer la labor de los demás) son de los trabajadores más eficientes y comprometidos por el mismo hecho de ser discriminados, porque en medio de todo esto el trabajo es algo que los valoriza y significa, que los anima a seguir adelante a pesar de las dolencias y que en muchos casos es es una especie de elixir curativo, restaurativo o sanador. El hecho de verse y sentirse capaces, ser tenidos en cuenta como trabajadores capaces de prestar un servicio, de cumplir un horario, de interactuar con otras personas normalmente, de crear, de realizar funciones de mando y sobretodo ser capaces de cumplir eficazmente con cada tarea asignada, les ayuda no solo con la autoestima que es fundamental, sino que también les dignifica como seres humanos en igualdad y derechos. No es limosna, misericordia ni compasión lo que pide está población, es simplemente el valor, empatía y respeto que merecen como trabajadores y personas productivas.

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