Raquel Lanseros

Soy poeta, traductora y profesora universitaria. He escrito los libros de poesía Leyendas del Promontorio, Diario de un destello, Los ojos de la niebla, Croniria, Las pequeñas espinas son pequeñas y, Matria. Mi obra poética hasta el año 2016 ha sido reunida íntegramente en el volumen Esta momentánea eternidad. Poesía (2005- 2016). Asimismo, he publicado libros de poesía en Francia, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Italia, México, Portugal, Marruecos, Perú y Puerto Rico. En el campo de la Literatura Infantil y Juvenil, he publicado en 2019 con la editorial Edelvives un álbum ilustrado titulado Himbu, el pequeño pintor. Como traductora, he volcado al español a Edgar Allan Poe, Lewis Carroll, Sylvia Plath o Louis

Soy Doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura, Máster en Comunicación Social y Licenciada en Filología Inglesa. Asimismo, he escrito numerosas publicaciones académicas en el ámbito de la poesía, los estudios de género, la transversalidad del conocimiento y la traducción. Comparto mi tiempo entre la escritura, las actividades literarias y la docencia e investigación académica. 

Llevo escribiendo desde muy joven, aunque empecé a publicar hace quince años. En este tiempo he obtenido premios como el Premio Unicaja de Poesía, un Accésit del Premio Adonáis, el Premio de Poesía del Tren, el Premio Antonio Machado en Baeza y el Premio de Poesía Jaén. Mi último libro de poesía, Matria, obtuvo en 2019 en España el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Andalucía de la Crítica. 

En cuanto a mis otros Talentos: amo el leguaje en todas sus facetas, tengo inclinación por todo lo lingüístico y literario en mi propia lengua y en algunas extranjeras que conozco. Amo el arte, se me da bien escuchar y creo que poseo bastante intuición. Aragon.

¿Qué es para ti la Oscuridad? 

Supongo que la mayor oscuridad es la incapacidad de ver a pesar de que haya luz. Esa ceguera interior que impide distinguir lo luminoso de lo lúgubre. Simbólicamente, la oscuridad ha estado siempre relacionada con los miedos humanos, porque en realidad representa el Mal.

¿Está bien que un escritor destile oscuridad si dicho sentimiento va a llegar a sus lectores? 

No creo que deba haber planteamientos ni enfoques tabú en poesía, cuando precisamente el arte es la sublimación de la libertad. Si por oscuridad entendemos la valentía de observar las zonas tenebrosas de la realidad y de la psique humana, Baudelaire sería un gran ejemplo de esta perspectiva enriquecedora. Las flores del mal supuso, de hecho, un hito en la historia de la poesía. 

¿A qué le temes? 

Como la gran mayoría de los seres humanos, a la enfermedad y la muerte.

Nos encontraremos en un lugar en el que no hay oscuridad

GEORGE ORWELL

He imaginado siempre el día de mi muerte.
Incluso en la niñez, cuando no existe.

Soñaba un fin heroico de planetas en línea.
Cambiar por Rick mi puesto, quedarme en Casablanca
sumergirme en un lago junto a mi amante enfermo
caer como miliciana en una guerra cuyo idioma no hablo.
Siempre quise una muerte a la altura de la vida.

Dos mil cincuenta y nueve.
Las flores nacen con la mitad de pétalos
ejércitos de zombis ocupan las aceras.
Los viejos somos muchos
somos tantos
que nuestro peso arquea la palabra futuro.
Cuentan que olemos mal, que somos egoístas
que abrazamos
con la presión exacta de un grillete.

Estoy sola en el cuarto.
Tengo ojos sepultados y movimientos lentos
como una tarde fría de domingo.
Dientes muy blancos adornan a estos hombres.
No sonríen ni amenazan: son estatuas.
Aprisionan mis húmeros quebradizos de anciana.
No va a doler, tranquila.
Igual que un animal acorralado
muerdo el aire, me opongo, forcejeo,
grito mil veces el nombre de mi madre.
Mi resistencia choca contra un silencio higiénico.
Hay excesiva luz y una jeringa llena.

Tenéis suerte, -mi extenuación aúlla-,
si estuviera mi madre
jamás permitiría que me hicierais esto.

La cuesta de las luciérnagas 

Sólo cuando se haya talado el último árbol, sólo cuando se haya envenenado el último río, sólo cuando se haya pescado el último pez, sólo entonces, descubrirá el hombre blanco que el dinero no es comestible. 

PROFECÍA DEL PUEBLO CREE

Allí estaban brillando en plena noche
regalando al verano destellos de luz verde
aquel atlas de heroicas luminarias
un fugaz universo en miniatura

¿Fueron un sueño? ¿un lejano prodigio?
¿Las nupcias del incendio con el agua?
¿Dónde están esas hadas voladoras?
¿Quién destruyó los faros que nos acogían?

Yo las vi y mi hermana las vio y mis padres las vieron
y mis abuelos, sus padres, los padres de sus padres
mi hijo será el primer desheredado
el forzoso habitante
de un mundo sin luciérnagas

PUESTOS A PREFERIR

Decir muerte es hablar de vida a plazos.
No hace falta morir doscientas veces
no hace falta morirse tan adentro
languidecer de a poco sin sustancia.
Sólo puede encarnar la eternidad
quien comprende su entrega por capítulos.

Olvidar el aroma de la lucha
es también perecer, es apartarse
ser un triste reflejo
no ser siendo
imitar el mohín de los sepulcros
diluyendo la nada sobre el algo.

Yo creo en la vida, sí, pero con tilde.
La vida que es la muerte amordazada.

CONTIGO

Porque no vive el alma entre las cosas
sino en la acción audaz de descifrarlas,
yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.

Mil veces he deseado averiguar quién soy.

Después de tantos nombres,
de tanta travesía hacia mi propia brújula,
podría abrazar la arena durante varios siglos.
Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.

No está en mí la verdad, cada segundo
es un fugaz intento de atrapar lo inasible.
La verdad no está en nadie, y aún más lejos
yace de un rey que de cualquier mendigo.
Si alguien está pensando en perseguirla
no debe olvidar esto:
el fuego ha sido siempre presagio de declive
como la intensidad antesala de olvido.

Cuando mis ojos vuelvan al origen,
pido un último don.
Nada más os reclamo.
Poned en mi sepulcro las palabras.
Las que dije mil veces
y las que habría deseado decir al menos una.

Guardad en mi costado las palabras.
Las que usé para amar,
las que aprendí a lo largo del camino,
las primeras que oí de labios de mi madre.

Envolvedme entre ellas sin reparo,
no temáis por su peso.
Pero cuidad con mimo la palabra contigo.
Tratadla con respeto.
Colocadla
sobre mi corazón.
La verdad no está en nadie, pero acaso
las palabras pudieran engendrarla.

Quizá entonces aquel a quien dije contigo
y para quien contigo fue toda su costumbre,
se acostará a mi lado con ternura,
juntos en el vacío más sagrado,
cuando la eternidad toma nuestra medida,
cuando la eternidad se pronuncia contigo.

Raquel Lanseros

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