Oscar Bolívar

Soy Oscar Bolívar, estudié Ingeniería de Sistemas, me desempeño principalmente en el desarrollo de software y la transformación digital en un grupo empresarial importante de Colombia, esto ocupa gran parte de mi tiempo. Por iniciativa propia hice un curso de fotografía profesional y allí entendí que ésta era la forma de expresarme que más me conectaba con mi entorno.

Lo primero que tengo por decir es que me alegra ser parte de ese grupo selecto de emprendedores, que con talento podemos transmitir emociones, sentimientos e información a través de imágenes. Esta pasión realmente llegó por accidente, estamos hablando de hace unos 25 años atrás, cuando mi hermana, mis primos y yo éramos pequeños, gracias a que mi padre Gustavo Bolívar nos encaminó en el mundo del arte. Él se inventó un grupo musical llamado “Seven”, en el que participaba también. La productora y personaje principal “Seven”, era la novia de mi papá que nos ayudaba en ocasiones (se ríe).

Tuvimos la oportunidad de entrar a un estudio de grabación y realizar el proceso técnico-artístico para producir un casete. En una ocasión nos presentamos en el Planetario de Bogotá, recuerdo que no se permitía aplaudir, sin embargo, la gente lo hizo al final del show. Esto por supuesto, nos inspiró muchísimo a seguir, sobre todo nos dio confianza y seguridad en nuestras capacidades.

Mi papá por aquel entonces creó una serie de televisión muy exitosa en el país llamada “Pandillas, Guerra y Paz”, la cual tenía un contexto de violencia, el cual retrataba la realidad social de las zonas rojas de la ciudad de Bogotá. Se inspiró en historias reales de pandilleros que resultaron siendo actores naturales para la producción; papá nos propuso que interpretáramos algunos personajes que hicieran el contrapeso ideológico y equilibraran el argumento de la serie. Esa fue nuestra primera incursión en la televisión, comenzamos una carrera bellísima y anecdótica que nos permitió aprender del arte escénico, pudiendo así relacionarnos con personalidades reconocidas del país, quienes hicieron muchas veces de tutores, con las cuales estoy profundamente agradecido. Fue un periodo aproximado de 3 años, hasta que entré a la universidad y me entregué de lleno a mi carrera profesional, Ingeniería de Sistemas. Mi hermano “pachito” (Francisco Bolívar) sí continuó con la vena de la actuación.

Luego de terminar la carrera universitaria comencé a ejercer mi profesión y aunque económicamente ganaba menos, me sentía pleno, más encaminado por lo que me generaba interés. Aun así, en algunas ocasiones participé en producciones como “Juego Limpio” y varias obras de teatro.

Hace unos 4 o 5 años mi papá me regaló una cámara fotográfica, específicamente una Nikon 3100. Confieso que la usaba de vez en cuando, realmente me estorbaba tener que cargarla a todas partes, pero poco a poco le fui cogiendo cariño y aprendí lo que significaba perpetuar momentos con esta herramienta. En el 2017 hice una introspección donde entablé una conversación en silencio con Dios y me replanteé ¿cuál es mi talento genuino?, la respuesta fue “ve y búscalo”. Empecé aquella búsqueda a través del ajedrez y la batería, ya que toda la vida los he practicado y disfrutado de gran manera. Como conclusión de esta etapa puedo expresar con seguridad que todos tenemos talentos, solo debemos autoexplorarnos y explorar nuestro alrededor para descubrirlos, pulirlos y potencializarnos. Así logramos la realización.

Gracias a esta etapa realicé un curso de fotografía profesional y allí entendí que ésta era la respuesta a mi pregunta. Así mismo emprendí el camino, mis primeros proyectos fueron la boda de un familiar y eventos sociales cercanos. Considero que la Fotografía es mi talento más genuino, además de la exploración. Apenas estoy iniciando el camino, llevo 3 años con pasos firmes. Afortunadamente lo que he aprendido sobre dirección e incluso actuación, me permitió ampliar la visión y entender la fotografía desde la perspectiva de la persona que quiere perpetuar el momento, además de conocimientos ya adquiridos acerca de luces y sombras, coloración, ángulos y otros aspectos que se analizan desde el motivo de contar la historia, esto lo relaciono con lo que aprendí en “psicología de los personajes” que se utiliza en la actuación. Por el momento estoy explorando con ambientes como las bodas, la maternidad y sesiones para animales de compañía. Hay un fotógrafo alemán a quien admiro mucho, se llama Christian Vieler; él trabaja fotografiando perros, su trabajo es muy inspirador y renovador para mí. Fue por su labor que resulté involucrado en esa línea temática. Sin embargo, siempre estoy en la búsqueda de mi propio estilo.

La fotografía es un universo, pues hay mucho por contar y retratar. Además, cuando va acompañada por avances tecnológicos nos permiten acceder a entornos que no son cotidianos, pero personalmente la fotografía análoga tiene muchos atributos únicos, que por más tecnología que se pueda usar en la actualidad, nunca podrá ser superada por la digital. Cualquiera con un celular de buena cámara toma fotografías espectaculares, pero realmente la esencia no está solo en retratar sino de contar la historia, de traducir y transmitir un momento al espectador. Allí radica el valor del fotógrafo clásico, en el concepto y la interpretación.

Creo que no me alcanzan las palabras para explicar esta vocación, pero realmente me apasiono por lo que hago y me pierdo intentando explicar lo intangible. De hecho, otro de los talentos que he podido cultivar, de nuevo gracias a mi padre, ha sido la escritura. Recuerdo que siempre me corregía lo que escribía, él insiste en que lo hago bien, aunque en ocasiones siento que es mi padre hablando y no el escritor (risas). Redacté algunos guiones para obras de teatro, pero me di cuenta de que por ahí no era el camino, no me hacía vibrar como lo hizo la fotografía estos últimos años. Actualmente tengo un proyecto congelado por la pandemia, se trata de una exposición en galería de perritos callejeros con el propósito de generar en las personas sensibilidad y consciencia acerca del abandono.

Oscar, ¿Consideras que tu secreto en la fotografía es el amor o la admiración a éste?

Pienso que en ese trasegar entre explorar y explotar nuestros talentos, no se puede decir que inicialmente sea amor. Uno está tomando un riesgo, un ejemplo claro es cuando vienen los hijos y uno se pregunta “¿qué talentos tienen mis hijos? O ¿por dónde puedo comenzar a guiarlos?” Uno ya lo está haciendo de adulto, pero sería una mejor práctica hacerlo desde pequeño para tener más tiempo de formación. Así que considero que inicialmente no hay amor sino curiosidad y pasión. Hay muchos fotógrafos a quienes admiro muchísimo y sigo su trabajo, analizándolos con admiración, y poco a poco ese sentimiento se va transformando en amor. Con el transcurrir del tiempo, cuando uno va ejerciendo, investigando y aplicando nuevas técnicas y metodologías, se va convirtiendo en amor por el oficio. “El amor es paciente” – Corintios. El amor no es solamente por la pareja, tiene que ver con lo que quieres expresar y cómo lo expresas.

¿Cómo pueden los fotógrafos aportar o apoyar el cambio de paradigmas de los territorios?

Actualmente los fotógrafos también se están volviendo influenciadores. ¿Cómo garantizar la calidad en la fotografía ante la tentación de fotografiar obviedades? ¿Consideras la fotografía como un Arte, Obra Artística o Medio de Información, y por qué?

Todos hemos pasado por fotografiar obviedades. No sé si sea un error o simplemente un proceso. Estas fotografías que se muestran en redes sociales con toda la posproducción no salen de la cámara así, además también hay un proceso crítico por parte del fotógrafo. Yo estoy ejerciendo la fotografía porque siento que es un talento en mí. Así que intento siempre llevarlo a un alto nivel, como dije antes, desde la disciplina y con paciencia. Solo así se puede llevar al Estado del Arte.

A veces nos damos mucho palo y nos debatimos entre generar pocos trabajos con mucha calidad o más piezas con menor dedicación de tiempo y tratamiento. Esto sucede también por las dinámicas propias del entorno socioeconómico, en ocasiones, porque vives de ella y en otras porque el cliente no busca concepto y mensaje propiamente sino retrato, haciéndolo más comercial que artístico.

Entonces para no sucumbir ante estas “obviedades” o trabajos livianos, hay que desarrollar una visión propia y aplicarla a las piezas fotográficas, si en algún momento sobrepasas el plano de vivir de tu arte, llega ese momento en el que te planteas “¿y ahora qué?”. Le temo un poco a este punto, porque tendré que trascender a un nivel más conceptual y puro de mi talento, es inquietante y excitante al mismo tiempo. Por ejemplo, qué tipo de personas voy a contratar para la posproducción y así transmitir mi sello personal, que no se desvíe. Allí es cuando se conectan ambas preguntas, ya que para mí la fotografía sí es un arte, que al igual que la pintura es subjetiva y expuesta a la interpretación. Luego de ser un arte es un medio de comunicación.

Wedding

El amor nunca fue un sentimiento. Es una decisión.

Maternity

Un hijo es la esperanza de que el legado de sus padres trascenderá por generaciones.

Dog

Hay perros que vuelan y sus dueños no lo saben

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba