Natalia Herrera

Soy ilustradora y animadora 2D, nací en Bogotá, Colombia y actualmente tengo 19 años. Empecé a dibujar cuando apenas era una niña, ya que veía series animadas en televisión e intentaba dibujar los personajes antes de que desaparecieran, por lo que llenaba hojas y hojas de “mamarrachos” o copiaba dibujos que encontraba en libros, revistas, propagandas, entre otras cosas más. Poco a poco, mi gusto por dibujar fue incrementando y se convirtió en mi principal pasatiempo. Poco a poco empecé a darme a conocer entre mis amigos, familiares, profesores e incluso creé una página para subir mis dibujos. Dedicaba bastantes horas para ver tutoriales, leer libros, ver series y dibujar a mis personajes favoritos. Fue así como empecé a desarrollar mi propio estilo de dibujo influenciado por el estilo anime y cartoon.

Cuando me encontraba en mi último año de bachiller no tenía muy claro lo que iba a estudiar, porque, aunque amaba la ilustración, existe la mala creencia de que a las personas que eligen dedicarse a las artes no les va muy bien, sobre todo eco- nómicamente hablando, pero, después de investigar, hablar con artistas y asistir a eventos; dialogué con mis hermanos, quienes me apoyaron y ayudaron a convencer a mis padres. Si bien, tomé la de- cisión de estudiar ilustración; no entré a la universidad en la que quería estudiar, lo cual fue frustrante. No obstante, gracias a eso tuve la oportunidad de estudiar un tecnólogo de animación digital en el SENA y conocer el maravilloso mundo que hay detrás de las series animadas que veía de niña. Fue retador al principio, puesto que nunca había dibujado en digital, únicamente de forma análoga, por lo que mi primer encuentro con los programas de dibujo o una tableta gráfica fue muy complicado, pero en retrospectiva estos son bastante especiales, y desde mi punto de vista, graciosos también.

El primer evento en el que participé fue mientras cursaba el segundo trimestre del tecnólogo, donde uno de mis profesores me invitó a participar en el BAM (Bogotá Audiovisual Market), un evento donde se reúnen varias empresas y estudios del mundo del cine, entretenimiento y animación. El proyecto consistía en crear una aplicación de realidad aumentada que hacía homenaje al director japonés, Hayao Miyasaki y a dos de sus obras más conocidas, entre las que se encuentran: “El viaje de Chihiro” y “El Castillo Vagabundo”. Allí, me encargué de hacer el modelo en 3D y texturas de la habitación de la Bruja Yubaba junto con sus personajes.

Luego participé en el Festival “Mente Abierta” que realizó el SENA donde todas las especializaciones de este centro educativo como la de animación, ilustración, serigrafía, diseño gráfico, entre otros, podían suscribirse. El proyecto que presentamos como curso fue una serie de cuentos infantiles animados, pero cambiando la narrativa de los mismos donde tuvimos el gran honor de ocupar el 3er lugar en la categoría de animación. Por último, en nuestro proyecto de grado, hicimos una alianza con la Fundación Rafael Pombo, que fomenta la lectura a través de los personajes del famoso poeta, Rafael Pombo. Realizamos una aplicación de realidad aumentada donde animamos a los personajes y junto con algunos compañeros de ilustración creamos los propios universos en los cuentos.

Actualmente formo parte del increíble y talentoso equipo de Libresta, mientras que sigo estudiando de forma empírica. Mi meta es seguir estudiando animación en el exterior y ampliar más mis horizontes.

¿Consideras que los ilustradores retratan la maldad del ser humano o la inducen? Danos un pensamiento.

Considero que la razón de ser del artista es plasmar su percepción de sí mismo y del mundo que nos rodea, por lo que hay muchos ilustradores que, desde el humor, la crítica, lo explícito o lo absurdo representan aspectos oscuros del ser humano. No hay reglas ni límites para la ilustración o el tipo de expresión del propio artista, sólo la moral y la capacidad del espectador para interpretarlo.

¿Qué rasgos humanos inspiran más tus obras, benignos o malvados, por qué?

El contexto de mis ilustraciones va madurando a medida que yo también lo hago, ya que, voy conociendo la maldad del mundo, del hombre y de mí misma. Además, mis piezas gráficas han ido adoptando ciertas críticas a la vez que plasman sentimientos puros y agradables, pero en ciertos momentos, también lo opuesto. Sin embargo, la mayoría de las veces, reflejo en mis creaciones aspectos buenos del ser humano.

¿Consideras que la Mentira y la Manipulación (mediática, política, corporativa, etc.) son utilizadas para obtener Poder o para generar caos? Desde tu posición como artista visual, ¿Cuáles pueden ser tus aportes para reducir o evitar que esto suceda?

Lastimosamente el país en el que vivo, la mentira y la manipulación son dos grandes pilares que se han mantenido como mínimo 20 años en el Estado, el cual no nos representa. Los ilustradores al manejar la comunicación visual, tienen la ventaja de transmitir un mensaje a nivel universal, por lo que al hacer críticas acertadas o plasmar realidades que incluso los medios intentan censurar, ayudan a que gran parte de la población conozca de estas injusticias, denuncien públicamente y sirvan a otros a pasar la voz cuando los intentan acallar.

Danos tu reflexión acerca de la malignidad del Ser Humano, ¿Debemos acoger – la o rechazarla inmediatamente? ¿Debemos interiorizar y entender nuestros impulsos negativos antes de tomar postura ante éstos?

El bien y el mal se equilibran, no se pue – de ser completamente bueno o malo porque va en contra de nuestra naturaleza. La controversia nace cuando se empieza a atacar puntos como la moral, y se sur – gen cuestiones como: ¿hasta dónde algo es bueno? y ¿qué pasa cuando se cruza el límite de la bondad? Claro está que tenemos dos caras: la “buena”, que es con la que nos presentamos al mundo, demostrando lo mejor de nosotros mismos y la “mala” siendo lo que procuramos ocultar en los más íntimo de nuestro ser, lo que para nosotros mismos llega a ser desconocido. La verdad, pienso que debemos aceptar nuestras dos caras para que no terminen perjudicando nuestra esencia. Es necesario comprender que hay momentos para entregarnos a lo que nos es complejo de entender, esa malicia que a veces nos hace bien, es saludable; al igual que ser consciente que mi libertad termina cuando empiezo a vulnerar la libertad de los demás.

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