María Fernanda Del Castillo Sucerquia

María Fernanda Del Castillo Sucerquia, es una poeta, narradora, correctora de textos y terapeuta en medicina oriental. Cursa quinto semestre de Lenguas extranjeras en la universidad del Atlántico.

Nació en Barranquilla en el año 1997. Es autora del poemario El verbo de la urgencia (Santa Bárbara editores 2019). Publicada en la antología Relatos para adolescentes y en la antología de poesía colombo-boliviana Cochabamba (Fallidos escritores y editores).

Ha participado en numerosos recitales, festivales y encuentros literarios locales y nacionales. Sus poemas han sido publicados en blogs, revistas y periódicos nacionales e internacionales como El Heraldo, Latitud, Sol y Luna, Crisol, María Mulata, El espectador, Filogicus, Por esto, entre otros.

CONGREGACIÓN DE LOS IDIOTAS

Esta era trae aves hasta mi ventana,
me hablan sobre autenticidad
y autosuficiencia,
escucho atenta sus aventuras
y hazañas,
y se enfría el té por no atreverme
a hacer algo más
que escuchar cada melodía engreída
y sonora de estas aves
de elegantes trajes.

¿Quién es capaz de decirle a la belleza,
que evita tocar el suelo al andar,
que el tiempo la arruinará?
¿Quién le dice a la bondad,
cuando abre el pecho de par en par,
que la maldad algún día la destrozará?
Escucho a estos habladores seres
cubiertos de plumas,
sé de sus triunfos y destrezas,
a veces, hacen reproches y se quejan,
también se burlan de los gusanos
que se arrastran por la tierra
y árboles
y devoran con sus picos relucientes:
¡Pobres diablos!, ¡pobres diablos!, ¡pobres diablos!
Cantan en coro las honorables
exhibiendo los colores de sus plumajes
para que las pinte mi flor
favorita del jardín,
esa flor, me mira de reojo
y en un gesto escurridizo las desaprueba
e hipócrita,
continúa dando sus mejores pinceladas.
No contradigo a esta manada de aves,
me siento en la ventana,
saben que estoy allí a la hora del té
y pueden alardear de sus historias,
hablar de sí mismas sin detenerse;
disfruto de la música vanidosa
que me ofrecen cuando
se quejan del viento,
quisiera ir en contra de sus libretos,
pero quién soy si no una espectadora
tras la ventana
que chismorrea sobre el numerito
de estas hermosas aves protagonistas,
quién soy para ellas sino unos sentidos
que se deleitan y entretienen
cuando no trabajo en endurecer
las callosidades de mi mente y cuerpo
¿Quién les dice que en gran escala
sólo se arrastran en el cielo?
¿Quién les dice que sin el viento
no pueden ser escuchadas?
Me sentaré en la ventana,
ojalá no tarden las ridículas aves,
si las ven, no les digan nada,
aunque no logran
-y tampoco les interesa-
hacerme fantasear, por lo menos,
tienen talento para idiotizarme
con sus fantasías.

NO SOLO DE COMER Y HABLAR VIVE EL HOMBRE

El hombre tiene las posibilidades de ir gradualmente liberándose de las leyes mecánicas.

George Gurdjíeff

Lanzó el anzuelo
hacia las sienes
para pescar palabras,
descubrir el peso de jeroglíficos
con que juego, juegan conmigo
y me agobian con incesante
persecución.

Palabras corren maratones
desde mis tobillos hasta mi cabeza,
son estampida que rasga, pisotea,
y vuelve mi cuerpo un lienzo
de hematomas,
nebulosa de púrpuras, magentas
y costras negras que araño
entre la muchedumbre
o asfixiada en el cardumen del bus,
cuando tropiezo, caigo y me levanto,
entre tic-tac y las cajas que
lleno de prisa para partir.
Empiezan a saltar ante mí las palabras
y símbolos como frío
y vértigo me arropan,
sus trasfondos son pesadillas,
son monstruos en el closet
y bajo la cama,
son el grito cercano de una madre
que clama por sus hijos
y es arrastrada por la marea
cada vez más lejos.

Recojo trizas de mi vientre
tembloroso, impacta con el eje central:
la frustración.
Se abalanzan hacia mí tragaderas
que mastican sin pausa,
te expulsan hasta que aprendes
el significado de palabras
ignoradas, dichas y omitidas,
¿cómo saber las pertinentes
y claves?,
¿cuáles son las palabras
que conquistas
y las que te derrotan?,
¡incompetentes!,
¿qué diferencia hay entre estas?
No ganamos batallas sin renunciación
y cuando fracasamos,
gnomos nos dejan ver oro
donde antes no,
vuelve a perseguirnos
el deseo de alcanzarlo
y el tiempo que nos succiona
con ahínco
y aja nuestro cuero.

Nos arrancamos las costras,
como quien recoge conchas
de caracoles en la playa,
con el anhelo de ser esas células
que se extinguen en el anonimato,
cual hoja de árbol seca e irreconocible.

Intento no abrir las sofisticadas
y horrendas ostras con desafiantes perlas que me
llegan día a día,
obsequios de época en códigos
como estrés y preocupación,
ostras parlanchinas, glamorosas
que encantan y enferman
mi sistema límbico.
¡Vaya desgracia tener prioridades!,
¡qué esclavitud encontrar valores
que antes no!
Te las cuelgas en el cuello
y tu piel se les adhiere,
¿cómo no obsesionarse?,
si mis células aman esas perlas,
ahora solo pienso en ellas,
deseo colmar las, vivir por ellas;
sin sentirme inútil,
sin sentir que soy lo peor
parido por esta tierra,
sin sentir la autoflagelación…

Ya encontré las palabras
para expresar el fervor,
veo en mi pantalla los símbolos
para traducir lo que sucede,
tengo las palabras
ensartadas en mi tridente,
prometo por mis perlas
solo voy a enloquecer un rato,
pondré las palabras sobre la sartén,
se las daré de comer a los cerdos,
y antes de que caigan lisiados, amoratados,
dejaré que me pisotee uno o un par,
solo para entretenerme
al arrancar mis conchitas negras,
viéndolos agonizar.

LOS CAPRICHOSOS ENAMORADOS

Parece ya no les cautiva nada
tras las vitrinas
y vuelven a la soledad tan ansiosa
a la que siempre regresan,
están en sala de espera
y la vida no se detiene
a que demos a tiempo
lo que en el momento quisimos.

Parece ahogarán injurias,
mientras se castran allí
y se desvanece el nosotros
en bocanadas de humo,
se bifurcan cada día más
y lanzan la moneda al aire
para ver quién pone el cuello
y quién suelta la guillotina.

Parece prefieren la hipotermia,
a persuadirse
y seguirán en retracción,
equilibrando baldosas
bajo un techo de imperio,
quieren lloverse
y no se mojan la desolación,
se hartaron de excusas
y sorna.

Parece en traición al orgullo
entrelazarán brazos
y empezará un debate sobre el por qué
el estribillo de cada uno
es el único veraz,
no se librarán de la imparcialidad
y sus corazones hechizados se sienten defraudados.

Parece ya no les cautiva nada tras las vitrinas,
sostendrán una copa de orgullo
en la espera de una borrachera
que no los besa,
no jugarán a ser niños
para que corran a mimarlos
y no tendrán más invernadas
ni sufrirán insolencias.

CLAVE SOL

El que comprenda mi música, quedará libre de todas las miserias que los demás hombres arrastran consigo.

Beethoven

El sonido juguetea, se pierde,
se intensifica y desaparece,
vibración que doma la locura
en la torre de control
distraída con luces,
el que las olas
ocultan tras su canción,
tras ires y venires,
tras mecanismos de defensa,
necesidades y lujuria,
tras monstruos marinos
que acechan,
ahí está, concéntrate,
sedúcete por la alerta pasiva
en la que escuchas
esa composición sublime,
esa melodía de ángeles guiándote,
déjate ir en ella para encontrarte:
Mantente en la pintura contemplada,
siente la superficie pisada,
entrégate al beso
y petrifica el tiempo,
allí estás,
abrazando el presente,
abrazado a ti mismo.

Conviértete en el instrumento
de donde viene el arpegio
tocado por el absoluto.

M. Fernanda Del Castillo Sucerquia

1 comentario en “María Fernanda Del Castillo Sucerquia”

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