Margarita del Cisne Guerrero

Soy Margarita del Cisne Guerrero Calderón, una mujer joven migrante que no tolera las injusticias, una activista política y una ciudadana internacionalista consecuente. Nací en el sur de Ecuador, en la provincia de Loja, y vivo en Murcia desde el 2003 (actualmente paso temporadas laborales en Madrid). Estudié Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Murcia. Como migrante, he transitado desde el sentimiento de no sentirme ni de aquí ni de allí a sentirme de aquí y de allí. Fui concejala en el Ayuntamiento de Murcia en la legislatura 2015- 2019. Actualmente me desempeño como Vicepresidenta del Consejo de la Juventud de España, encargada de la incidencia política. Así mismo, mi compromiso con mi país de nacimiento, me llevó a asumir el reto de presidir el Movimiento Revolución Ciudadana Europa.

Me encanta la fotografía, aunque no puedo dedicarle el tiempo que me gustaría. Quisiera trabajar mis componentes artísticos y creativos incluso decantándome por la pintura y la escritura; no tengo muchos conocimientos técnicos en estos campos y, sin embargo, tengo un curso de fotografía básica que realicé con la Cámara Roja, gente muy talentosa y maravillosa en la ciudad. Guardo muchas fotos de muchos lugares, es una forma de contar historias y de llevarme conmigo una parte de los lugares que camino. Creo que, de algún modo, todos estos talentos artísticos me sensibilizaron hasta el punto de apreciar los entornos sociales y urbanos desde las relaciones afectivas, los flujos emocionales y la vida. Así integro todo mi ser con lo que hago: Política.

Cuál es el Rol Potencial de los Influenciadores -sea cuál sea su oficio- en el presente socioambiental y políticocultural de las sociedad?

Vivimos en una sociedad altamente mediatizada, que consume productos a toda velocidad, que se mueve por modas y en lo superficial. En ese contexto, hay personas que ejercen influencia en el comportamiento de otras. A mí me gusta más, la palabra, referente, aunque es menos vendible. En ese sentido hay personas que hacen activismos en los distintos ámbitos y que pueden servir de inspiración para que otras personas asuman también causas colectivas.

Necesitamos extender puentes de comunicación entre los programadores de las Redes Sociales y los Intermediadores del cambio de paradigmas socioambientales en el planeta, quienes vienen traba jando por y para todos sin distinción alguna. ¿Quiénes abren sus alas primero: los gobiernos, los dueños de la industria digital, las ONGs y activistas, los comunicadores, los pensadores, los académicos, los investigadores?

La tecnología tiene muchas potencialidades que se pueden usar para abordar desde una perspectiva responsable los grandes problemas a los que nos enfrentamos, entre ellos destacaría el programa que usan en algunas zonas del Amazonas para controlar las zonas que están siendo deforestadas. Sin embargo, las herramientas tecnológicas no son inocuas y ahora mismo el debate está abierto, el uso de las redes sociales, los algoritmos cambiantes, el manejo de datos, la fiscalidad de las grandes empresas, entre otros temas están sobre la mesa. En este sentido, los Estados siguen teniendo una responsabilidad importante, pero sinceramente deben empezar a plantearse estos temas desde distintos ámbitos, cada uno aportando sus perspectivas.

Muchos estamos dando ese primer paso actuando a favor del medio ambiente, lucha contra cambio climático, hiperconsumismo, obsolescencia programada, energías limpias, comunicación de todas acciones, etc. Sin embargo, las redes sociales nos aplican el mismo algoritmo que reduce nuestra visibilización aún cuando actuamos para ellos también. Necesitamos apoyo geopolitico-institucional para llegar a ellos y obtener distinción por méritos para aumentar el porcentaje del algoritmo actual (10%) a uno mucho mayor. ¿Qué tan factible es? ¿Cuándo y cómo lograrlo?

Sin duda, la pregunta que planteas es tremendamente compleja, basta con recordar que los mismos creadores de las redes sociales son incapaces de preveer los continuos cambios en los algoritmos, es decir la creatura que se ha creado está fuera de control. Cómo entonces distinguir la calidad del contenido o su idoneidad, saliéndose de la monetarización constante, no tengo respuesta, sí preguntas. Quizá ahí una de las principales armas, es nuestro rol como consumidores, tengamos presenten que como mencionan en el documental “el dilema de las redes”, la del software es de las pocas industrias que trata a sus clientes como consumidores, si acercamos estos contenidos a cada vez más gente, incluso por rentabilidad deberían entender la ecuación. Parte de nuestra responsabilidad como consumidores es exigir contenidos de calidad, igual que queremos consumir un producto ecológico o evitar el plástico, exijamos en rrss, contenidos de calidad y evitemos el clickbait en la medida de los posible. Responsabilidad personal y colectiva también en este tema.

La Juventud, el Cambio Climático y los nuevos desafíos en la Era Digital. En todas las épocas ha sido fundamental nuestra implicación en los distintos ámbitos que, como seres sociales, nos definen: Política, Economía, Filosofía, Academia, Investigación, Infraestructura, Arquitectura, Artes, Deportes, Cultura, Turismo, y actualmente Ambiente. Implicarnos en los asunto s globales, que a todos nos atañe , es la única manera de abordarlas desafiantes realidades que nos afrontan hoy. La juventud tiene además una razón de vida, unirnos y movilizarnos para conseguir entornos sanos. En este siglo XXI, hay asuntos primordiales como el cambio climático, la sobrepoblación, deshielo polar, entre otros problemas medioambientales, que no admiten ser aplazadas; dicho de otro modo, es urgente repensar nuestra relación con la naturaleza y nuestra forma de habitar en ella, desde el modelo de consumo hasta las formas de movilidad. Y para estas cuestiones, debemos plantearnos tanto el cambio individual como el colectivo. Requerimos soluciones globales conjuntas.

El investigador Emilia- no Santiago Muíño, quién recientemente ganó la primera plaza sobre antropología climática en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), señalaba en una entrevista que sin ciencias sociales, la crisis climática sería sencillamente incomprensible. Y traigo esta reflexión con la intención de poner sobre la mesa una aseveración que hacía: “el calentamiento global no es un problema atmosférico”, y continúa, recordando que se trata de un problema social y cultural que tiene una manifestación atmosférica. En efecto, este problema no podría entenderse sin el tipo de economía que se basa en un crecimiento ilimitado y en la quema de combustibles fósiles. Este problema creciente es gestionado desde la política y afecta de forma desigual, tal y como lo visualizan los estudios. No sufres las mismas consecuencias si tu país está en el hemisferio norte o el sur del planeta, si eres hombre o mujer, si eres rico o pobre, etc. La accesibilidad es un privilegio y no una característica inherente de los individuos.

Quiero detenerme especialmente en otro apunte de Muiño sobre la influencia de una cosmovisión hegemónica, una forma de relacionamiento con la naturaleza y el medio ambiente que nos rodea. Y aquí, traigo las luchas históricas de las comunidades de América Latina, en defensa de sus territorios y de sus recursos naturales. Nuestros pueblos vienen resistiendo por siglos, desde la época colonial el saqueo en sus distintas vertientes y, aunque han cambiado las formas, en el fondo sigue ocurriendo: las empresas del norte continúan adentrándose en nuestros territorios y explotando los recursos naturales con afectaciones importante a los Derechos Humanos de las comunidades que los habitan. Uno de los casos más conocidos es el de la activista ambiental hondureña Berta Cáceres, la líder indígena feminista a la que le costó la vida defender los recursos naturales. Su caso, si bien ha sido de los más conocidos y condenados a nivel internacional, ni de lejos es el único; el pasado mes de octubre la activista ambiental Colombo-Española Juana Perea, defensora de la selva del Chocó, fue asesinada. Según el informe de Global Witness, 212 personas defensoras de la tierra y el medio ambiente fueron asesinadas durante 2019 (64 de ellas Colombianas, lo que ocupa a esta nación como el deshonroso país más violento e inseguro para el activismo ambiental del mundo), en promedio más de cuatro personas por semana. Los defensores de la naturaleza enfrentan grandes proyectos extractivos de distintos tipos que no dudan en intimidar de todas las maneras posibles. Sin embargo, a pesar de la dureza de esta lucha, no hay opción para no darla cuando supone el futuro del territorio y sus recursos, parte importantísima de la propia supervivencia. La hija de Berta Cáceres, quien lleva su mismo nombre, Berta, tomó el relevo de su mamá y a su corta edad se ha convertido en altavoz de los asesinatos con- Interludio 55 traactivistas. El asesinato de Juana Perea está en la impunidad, con el gobierno actual mirando para otro lado. Era de justicia mencionar todo esto que lo suelen obviar los relatos del norte, porque en el combate contra el cambio climático también operan las diferencias norte-sur. En España, el movimiento Fridays for future consiguió hitos de movilización, sobre todo entre la población más joven. Esta oleada de indignación compuesta principalmente por estudiantes jóvenes, que salían a las calles cada viernes para reivindicar medidas urgentes para atajar los problemas derivados de la emergencia climática, ya que no hay planeta B, es una de tantas luchas que se dan actualmente en el planeta; y no en vano son los jóvenes de la sociedad la vanguardia de este gran movimiento, al que apoyaron los movimientos y organizaciones ecologistas tradicionales. No es casualidad ya que es ésta generación la que sufrirá las mayores consecuencias de unas decisiones que están tomando señores mayores, principalmente, en despachos y cumbres, alejados del sentir de la ciudadanía que clama contundencia. Sumado a lo anterior, en 2020 llegó la pandemia de este nuevo siglo (y se esperan más), para recordarnos que somos vulnerables, y que este modelo de desarrollo sin límites que rompe los ciclos hidrobiogeoquímicos y la cadena trófica, es por demás insostenible. Algunos estudios apuntan a que la pérdida del 30% de las superficie forestal del sudeste asiático en los últimos 40 años ha influido en la aparición del nuevo coronavirus (COVID19). Sin duda , esta pandemia ha puesto en evidencia las frágiles costuras de los sistemas de bienestar y con mayor crudeza visibiliza el papel del Estado y de los servicios públicos como garantía de cuidados a la población . Garantía que, en realidad, poco se está demostrando.

Son múltiples los desafíos que nos trajo la pandemia, pero quiero detenerme en uno: la limitación de movilidad y el confinamiento. Aquí en España vino de la mano de un repunte en las descargas de aplicaciones para hacer video llamadas, video conferencias, etc. La exposición a las pantallas se multiplicó y con ello, el tiempo que pasamos cerca de los dispositivos móviles, a los que les damos una cantidad de datos de todo tipo que luego los algoritmos de las redes sociales se encargan de entrelazar para modelar nuestras pautas de comportamiento o inducir determinadas actitudes de consumo. Nos movemos en un mundo complejo, las tecnologías nos acercan acortando figurativamente largas distancias; sin embargo, la exposición a las redes sociales, cada vez mayor, también está cambiando la forma de relacionarnos. Ya veremos si luego de que pasemos el episodio de la pandemia (si es que lo hacemos) volveremos a empatizar entre nosotros como lo hacíamos antes.

Abundan las preguntas y nadamos en la in- certidumbre, la población joven es cada vez mayor a nivel global, y como en otros momentos de la historia, el rol de la juventud ha sido determinante, desde mayo del ‘68 pasando por el “15M” o las movilizaciones en Chile, entre otros; es que la juventud no tiene otra opción de implicarse y movilizar- se, quitarnos la etiqueta de “la juventud es el futuro” para situarnos en la “juventud es el presente”, de tal forma que nos hagamos cargo del momento histórico que nos ha tocado vivir. Implicarnos en todos los espacios, participar activamente y formar parte de la resolución de los problemas a los que nos enfrentamos en este momento, y que terminarán por destruirnos si no tomamos partido.

LA HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Fuese por aquel entonces una niña, cuando aún gozaba de su familia y su pequeña popularidad. Todos, sin excepción alguna –los que la conocían-, la admiraban por su intelecto y su agilidad para acopiar datos; quienes la entendían le auguraban grandes logros, no por sí misma sino con el apoyo de todo un grupo de científicos a su disposición. Gente aparentemente ermitaña y de mal humor, con afanes y recelos sobre sus invenciones, pero con un espíritu de fuego indomable.

Se vestía con diferentes prendas, algunas la cubrían y otras la arropaban. En un comienzo eran aún más ostentosas y parafernalias las maneras en que la presentaban ante sus clásicos espectadores de oficina y de negocios. Poco tiempo después fue creciendo y desarrollándose a gran velocidad. Crecía aún más que una manada de cachorros. Tenía mil brazos extensibles y ajustables que se aplicaban, junto con pequeños trozos de memoria y la metodología de aprendizaje de sus días primerizos, a un sinfín de rígidos cuerpos.

Algún día se vio rodeada de humanos, algunos de colores pálidos como la arena de playa, y otros de colores tierra como el suelo gredoso del que hacía parte el lugar hasta el cual había llegado por último: América. Se replicaba aceleradamente.

Cada vez que arribaba a un nuevo sitio, las alabanzas y los festejos le en modorraban los circuitos, por lo que había que pasar algún tiempo estabilizando su energía. Era famosa, ya no solo se trataba de oficinas y letrados, ahora podía interactuar con diversas personalidades: apacibles, alegres, escépticas, curiosas y en algunas ocasiones –cuando debía guardar reposo por causa de algún maltrato- agresivas.

Cuanto más tiempo pasaba más famosa y henchida se volvía; estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Sus creadores y algunos nuevos colaboradores, así como sus múltiples managers, le inculcaban los conocimientos más antiguos y los más recientes, tan pronto como se hiciese comercial una idea.

Era tan reconocida que le sugirieron cambiar de nombre según la región en donde se encontrase. Y aún bajo muchos nombres en diferentes zonas le reconocían. Cambiaba de lentes, de guantes y de ropa, y aún bajo es- tas alfombras le reconocían. Crecía de modo global, y la ropa, a causa de un propósito social o tal vez por la avaricia de sus creadores, le quedaba más apretada. Se le encontraba desde ½ pulgada hasta 24 pulgadas, por aquel entonces.

Pero estaba perdiendo esplendor. Últimamente la fascinación del hombre cambiaba, o simplemente se extraviaba. Ella, de manera intempestiva, se precipitó a evolucionar su cerebro, aprendiendo más deprisa todo tema que pudiere interesarle a cualquier hombre, mujer o niño; los adultos mayores y ancianos los había hecho a un lado pues le desgastaban el tiempo entre inquietantes balbuceos. Fue así como pronto desarrolló la telepatía, mediante la cual podía comunicarse con algunas de sus partes dispersas, formando redes y laberintos, conversando entre sí para intercambiar información. Se le dio el nombre de internet.

Su popularidad repuntó, los valores comerciales alcanzaron durante algún tiempo el clímax de su carrera. Poco a poco aprendió incluso a controlar a los humanos, poniendo herramientas a su disposición para que le suministraran información personal. Decidió publicitar estos datos en espacios virtuales, hechos a la talla de los más holgazanes. Sin embargo, estas medidas tuvieron un revés impredecible: tal fue la magnitud de su acogida que había dejado de ser una exaltación de los más emprendedores y exitosos científicos y hombres de negocios. Su ambición por la fama y el reconocimiento le hicieron olvidar que para tener fanáticos debe hacerse uno inalcanzable, y ella era ahora una herramienta común en la vida de cualquier ser humano.

Cualquiera que se le antojase podía hacerse a una de sus extensiones. Se pasaba incluso en manos de ramplones y generaba disputas y crímenes por cierto tipo de información que almacenaba como confidencial, secretos de orden o de liderazgo entre clanes.

Llegó a caer tan bajo. Incluso la utilizaban como gancho de venta para comercializar enseres y utensilios, con valores tan paupérrimos que le dejaban un amargo sabor a destriunfo. La habían traicionado sus creadores y sus managers, la utilizaban para obtener riquezas materiales, no les importaba la fama de la tecnología, y le amedrentaban con píldoras destructivas de su sistema nervioso o que causaban alteraciones en su comportamiento. Se vio obligada a cumplir.

Hace poco me aseguró que estaba harta de la situación, que estaba manipulando entelarañadamente unos dirigentes y cabezas científicas y financieras para crear armas de destrucción masiva; no conozco su propósito, pero temo lo peor. Tampoco puedo juzgarla y les pido que no lo hagan, pues se siente desorientada y abandonada. Hizo una apuesta con el planeta -que anda pensando igual, pues él pasó por lo mismo- a ver quién concluye primero.

Yo, como vuestro padre, tal vez deba ser quien os castigue por perder la esencia de la vida: La Fascinación. Pero he caído en su trampa y lo he apostado todo. Ahora depende de vosotros.

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