Lucía Bawot

Nací un 20 de noviembre en Armenia, Colombia a plena luz del día, y coincidencialmente mi papás decidieron nombrarme Lucía, que en latín significa luz (lux); para sumarle a la casualidad decidí hace más de 12 años dedicar mi vida a la fotografía, que en griego significa foto= luz, grafía= escribir; o sea: escribir con la luz.

Remontándome en el tiempo y pensando en mis 30 años de vida, considero que siempre he sido un ser humano más bien contemplativo y el arte en sus múltiples facetas ha sido el lenguaje para comunicar mi mirada del mundo; de pequeña lo fue la pintura que aún me acompaña, pero durante el 2.008 mientras vivía en China, descubrí mi amor por la fotografía y una vez regrese a Colombia gracias al apoyo de mis padres, tuve la oportunidad de irme a estudiar en Argentina la carrera profesional en fotografía.

Después de pasar 5 años en Buenos Aires, muchos de mis paradigmas y creencias se transformaron y con todo lo que esto conlleva, me surgieron muchas preguntas ¿En qué tipo de fotógrafa me convertiría?, ¿Qué quería contar con mis fotos y cuál sería mi diferencial como artista? Y como por cosas del destino en Octubre del 2.013, tuve la posibilidad de asistir como voluntaria del fotógrafo Clay Enos a un evento en El Salvador que se llama: “Hablemos de Café” y frente a mis ojos, se abrió el telón al mundo del café, el siguiente capítulo de mi historia finalmente encontró un rumbo.

Desde ese evento, llevo 9 años dedicada a trabajar como fotógrafa y videografía para múltiples compañías internacionales líderes en la industria de café; escribiendo más y más líneas de este nuevo capítulo en mi vida. He tenido la gran fortuna de fotografiar y entrevistar a más de 320 productores de café alrededor de Latinoamérica, y para mí, son ellos mis ídolos, los que me motivan, los que me dejan miles de enseñanzas cada vez que los visito, y sobre todo, los que logran mantenerme arraigada a mis raíces cafeteras. Por otra parte, cuando empecé a documentar proyectos de sostenibilidad, sentí la necesidad de volver a estudiar, y dado a esto decidí hacer dos especializaciones, una en contenido estratégico y la otra en sostenibilidad y economías sociales, ya que sin duda considero que para ser un excelente fotógrafa y storyteller debía tener un entendimiento profundo de la industria para la cual trabajo.

Teniendo en cuenta esto, en el 2.019 me empezó a picar el bichito de crear mi primer proyecto personal, ya que casi el 100% de mi trabajo en café hasta ese momento había sido para mis clientes, ya fuera para contar historias de éxito de productores, documentar proyectos de sostenibilidad, promocionar un producto o servicio; pero nunca sentía que tuviera control total del contenido que se producía, y más que eso sentía que no podía generar el impacto o ser el medio para visualizar o ayudar desde mi profesión. Es así como nació la idea de crear el primer foto-libro de mujeres cafeteras, llamado We Belong. Este se vio pausado por un año debido a la pandemia.

Las buenas noticias son que a mediados del año 2.020 se nos presentó la opción a mi esposo y a mí, de venirnos a vivir a Colombia por un año, ya que estamos radicados en Estados Unidos ¡Y pensé! Que mejor manera de hacer este proyecto una realidad, que teniendo un tiempo límite de 12 meses para crear el contenido. Ya llevo tres meses en Colombia y he visitado tres regiones y he documentado 34 historias de mujeres cafeteras; la verdad, la expectativa es mucha, pero por ahora lo único que les puedo contar, es que el libro será vistazo a un lado de la industria del café que la mayoría aún no ha visto: el de la feminidad y la intimidad. Puedo decir que sentiremos cercanía y nos identificaremos mucho con las historias de estas mujeres.

Lucía, desde tu mirada ¿Cuál consideras que es la mayor problemática ambiental del mundo y cómo puedes, desde el arte que ejerces, reducir o prevenir sus impactos?

Sin duda alguna, creo que la mayor problemática ambiental en este momento debe ser posiblemente nuestra mera existencia como homo sapiens en este planeta, ya que “sin darnos cuenta”, casi todo lo que hacemos y consumimos esta activamente descontando días de esté, nuestro hogar llamado tierra. Pero teniendo esto en cuenta, los conceptos de consciencia ambiental, ecológica, consumo sostenible, ético, entre otros, son temas álgidos, algunas veces frustrantes y muchas veces desesperados, así que de alguna u otra forma me puedo poner en los zapatos de muchas personas que se hacen de la vista gorda, o simplemente no sienten el deseo de aprender o tomar acción frente al hecho de ayudar a nuestro planeta.

Sin embargo, considero que el poder de cambio esta en entender que así como todo evoluciona a nuestro alrededor, nosotros también merecemos evolucionar y con esto me refiero a cambiar patrones de creencias y darnos la posibilidad de probar e intentar, hacer ajustes en nuestro consumo y comportamiento, ya que finalmente si lo pensamos bien, cambiar todo un mercado es una acción colectiva, porque la demanda surge intrínsecamente de necesidad del consumidor.

Hace una semanas mientras leía un artículo de Ever Meister en Salon.com, me encontré con una estrategia de consciencia del consumidor que por primera vez, la sentí posible y replicable. En el artículo sugieren hacer un “plan ético”. Lo que esto significa es, hacer un lista de los productos que más consumimos y son más importantes para nosotros desde nuestro estilo de vida (profesión, alimentación, viajes, gustos, etc). Y de ahí, partir para investigar sobre las cadenas de valor de estos productos o actividades, y fijar pautas de compra y comportamiento ético para cada uno.

Entonces para ejemplificar esto, desde el arte que ejerzo que es la fotografía, a nivel consumo, mi prioridad es tratar de comprar nuevos productos tecnológicos lo menos constante posible, me he fijado una meta de cambiar de cámara cada 5 años, así como revender lo que ya tengo y comprar de segunda mano lo que más pueda y que sea duradero en el tiempo. Por otra parte, el hecho de viajar es una prioridad implícita en mi profesión, así que he tratado de disminuir los viajes en avión, y cuando si o sí tengo que tomar un vuelo, utilizo la plataforma goclimate. com para hacer una compensación de mis vuelos. Además, me he propuesto viajar más en transporte terrestre y público, así también, unificar viajes de clientes y hacerlos en las mismas zonas, regiones o países.

coolsearch Por último, mi trabajo en café, sin duda lo siento como una responsabilidad para visibilizar la cadena de valor del café y sus diferentes aristas, desde lograr mitigar el desconocimiento de lo que esta pasando en el campo, específicamente en lo que se refiere a la producción de café relacionado con el cambio climático; como también dar a conocer y ayudar a hacer más relevantes problemáticas como la falta de representación del cafetalero en el panorama internacional, la equidad de género, y sobre todo el poco espacio que tiene aún la mujer cafetera en la toma de decisiones y en el poder de tomar acción, por esta razón decidí iniciar We Belong.

En Libresta El Flautista hemos hecho una colección de las siete grandes virtudes de la navidad (Humildad, gratitud, generosidad, solidaridad, perdón, reconciliación y renacimiento) ¿Cuál consideras la más importante y por qué?, ¿Cuál sería la situación que la represente y deba ser inmortalizada mediante la fotografía?

Sin duda alguna para mí tendría que ser la gratitud, ya que plantándome en la realidad actual, siento que día a día damos mucho por sentado, vivimos en una comparación constante y en unas ganas de ser y tener lo que otro es y tiene; y la culpa se la llevan las redes sociales. Pero lo que en verdad siento es que, poco nos sentamos a analizar que lo tenemos todo y más! Desde el simple hecho de poder respirar, tener manos sanas, alimento; y cosas más banales pero necesarias para nutrir nuestra alma como lo puede ser, disfrutar de un atardecer o del olor del café de la mañana.

Así que cuando me propuse setera mi mentalidad hacia la gratitud y la abundancia, mi vida volvió a cobrar sentido, y “el efecto de la gratitud” como me gusta llamarlo, se volvió más profundo, y empecé a agradecer no solo por las tres comidas del día, sino también por los campesinos que ponen toda la fortaleza y el amor en cultivar y recolectar con sus manos esos alimentos; y ahí despertó el profundo asombro: “el efecto gratitud”.

A nivel de inmortalizar la gratitud a través de mi trabajo artístico, las manos como objeto metafórico han sido para mí la respuesta visual directa, de lo agradecidos que debemos estar con las manos de nuestros campesinos. Así que los quiero dejar con ese párrafo del libro Free Play: Improvistaion in Life and Art por Stephen Nachmanovitch, que pone en palabras claras la importancia de las manos para mí:

“Comenzando por el hecho de que la mano tiene cinco dígitos y no seis o cuatro, la mano predispone nuestro trabajo hacia conformaciones particulares porque ella misma tiene una forma. El tipo de música que tocas en el violín o el piano, el tipo de pintura que proviene de tu manejo del pincel está íntimamente influenciado por la forma de tus manos, por cierto, se mueven, por sus resistencias. La estructura de la mano no es (una vez más) “cualquier cosa”; los dedos tienen ciertas relaciones, características, ciertos rangos de movimiento relativo, ciertos tipos de cruces, torsiones, saltos, deslizamientos, presiones, movimientos de liberación que guían la música para que salga de cierta manera. La forma y el tamaño de la mano humana introducen leyes poderosas pero sutiles en todo tipo de arte, artesanía, trabajo mecánico y también en nuestras ideas y sentimientos. Hay un diálogo continuo entre mano e instrumento, mano y cultura. La obra de arte no se piensa en la consciencia y luego, como una fase separada, se ejecuta con la mano. La mano nos sorprende, crea y resuelve problemas por sí sola. A menudo, los enigmas que desconciertan nuestros cerebros se resuelven fácilmente, de forma inconsciente, con la mano”.

¿Cuál consideras que es la gene- ración más consciente a nivel socioambiental y cómo desde tu oficio podrías apoyarle para luchar contra el cambio climático?

Hablar de una generación como la más consciente a nivel socioambiental es plantearlo desde una categoría muy unitaria, a mi parecer. Siento que en cada época, década, región, país, ciudad, vereda, etcétera, siempre han existido individuos y colectivos con una necesidad muy intrínseca de dar a conocer problemáticas socioambientales, y sobretodo de tomar acción para ayudar a concientizarlas. Esta consciencia esta muy ligada a la genética, género, raza, lugar de nacimiento, organización de la producción, distribución de ingresos, vivencias, etc, y es muy difícil para mí ponerle nombre y apellido por así decirlo.

Desde mi búsqueda por ejemplo, he encontrado un concepto llamado ambientalismo femenino propuesto por Bina Agarwal donde se analiza que “son las mujeres provenientes de áreas rurales y familias pobres las que resultan afectadas de manera más negativa y las que han participado más activamente en los movimientos ecológicos”. Y es por esta razón y reitero de nuevo que me he propuesto en desarrollar el primer foto libro de mujeres cafeteras We Belong, porque siento que la manera en como puedo ayudar más efectivamente desde mi profesión, es en ese entrelazamiento de mi condición de mujer, mis capacidades fotográficas, mi experiencia en la industria de café y la problemática real de la mujer cafetera.

Mundo fundamentalmente vacío

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