Los nuevos aportes al Realismo-Fantástico y el resurgimiento de la Literatura Fantástica Argentina

Andrea V. Luna

No hay más que plantear una historia de la Literatura para observar cómo ha navegado desde los orígenes mismos del hombre entre dos vertientes indiscutidas, la realidad y la fantasía, que confluyen y se amalgaman en la conformación de las cosmogonías míticas que llegan hasta nuestros días para darnos forma y sustento. Desde nuestra mirada contemporánea y cosmopolita, cada una de esas concepciones nutre nuestro presente literario con una riqueza que se acrecienta a partir de la mayor posibilidad de acceso al conocimiento global y al intercambio cultural, muchas veces producido desde las redes sociales y prácticamente sin restricciones, ocasionando confusión y desconcierto: las fuentes de información, pues, no son confiables o no se pueden rastrear con facilidad como fidedignas, en especial en lo que respecta a la cuestión de los géneros relacionados al Fantástico. Es necesario aquí realizar una necesaria distinción, en palabras de Pampa Olga Arán, entre «lo fantástico como categoría epistemológica que puede alimentar diferentes géneros en otros discursos sociales (creencias religiosas, fenómenos de ocultismo, magia, folklore, etc.), y el fantástico que remite en clave literaria a la oposición con el realismo y que ha servido para caracterizar de manera imprecisa una vasta producción literaria cuyo régimen de verosímil es diferente». A este último haré referencia de aquí en más.

Llegados a este punto, puede observarse que el ideario hermético de los géneros y tipos literarios va dejando paso a una literatura de fusión que embellece las letras y nos permite una serie de riquezas muchas veces poco valoradas: entre otras, la de los escritores emergentes y autopublicados que incursionan el Fantástico moderno en todas sus vertientes.

Entre esas mixturas, el Realismo-Fantástico, poco explorado en lo concreto y bastante vapuleado por la crítica en algunas de sus formas, se yergue como el resultado de un proceso de exploración de grandes escritores que ha quedado confundido en el caudal de sus obras. De este modo, Jorge Luis Borges, Franz Kafka, Gustavo Adolfo Bécquer, Julio Cortázar, entre otros, cuentan con relatos cuyas inconfundibles marcas nos remiten, justamente, a este género de fusión. 

Para ensayar, entonces, una definición clara, se hace necesario realizar una breve incursión por los géneros de los cuales surge. 

Realismo y sobrenaturalidad

Tal vez el postulado que mejor defina al Realismo Literario en tanto ruptura con el Romanticismo, es el que indica que propone la exacta reproducción de la realidad pero haciendo hincapié en lo pequeño y cotidiano, en la vida diaria y en las personas «comunes». Por lo tanto, con este mismo enfoque, entendemos que los lectores están más interesados en la problemática contemporánea que los incluye, que en un tipo de personaje que les resulte completamente lejano o artificial. Desde la novela burguesa del siglo XIX hasta la novela realista americana de mediados del siglo XX han pasado una multiplicidad de tipos diferentes que incluyen la gauchesca rioplatense o la revolucionaria americana. Como sea, todas guardan una serie de características en común: la persecución de la objetividad en el relato, el compromiso con el ámbito cercano al autor y, en este sentido, la profunda denuncia social enraizada en las miserias de la vida diaria (lo que, finalmente, derivará en el Naturalismo).

Ahora bien, como es sabido, el transcurso de las primeras décadas del siglo XX dio origen a las vanguardias estéticas y literarias debido mayormente a la enorme desestabilización social producida, entre otros factores, por la Revolución Rusa, la Primera Guerra Mundial, la Gran Recesión y los acontecimientos previos a la Segunda Guerra Mundial. La Literatura, pues, no pudo permanecer ajena a estas tensiones y enfrentamientos, y necesitó ya no contar la realidad tal cual es (¿Quién desea, después de todo, que le recuerden las miserias cotidianas y, además, de una manera tan cruda y tan brutal a veces?) [Decía: La Literatura necesitó ya no contar la realidad tal cual es] sino comenzar un rugido de protesta: la avant-garde fue la voz del descontento, el grito de reprobación y el pedido de un cambio radical. Pero no fue la única voz. 

La necesidad de escaparse de los terrores y de las miserias de la guerra dio lugar al resurgimiento del género Fantástico de manera pujante e irresistible: el renuevo profuso de C. S. Lewis y sus Crónicas de Narnia de la postguerra es, tal vez, el caso más resonado; aunque la poderosa imaginación de J. R. R. Tolkien diera un primer aviso en 1937 con la primera edición de El hobbit para, desde allí, marcar un hito en la historia de la Literatura Fantástica con la publicación de El señor de los anillos, coincidente con la guerra de Vietnam y el surgimiento del movimiento hippie y dando, así, inicio al Maravilloso Medieval en todo su esplendor. 

Sin embargo en la primera mitad del siglo XX, América (y, en especial, Argentina) exploraba otras rutas de la mano de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar entre otros. El Fantástico, pues, se perfila como un ámbito de profunda reflexión filosófica y formas experimentales mixtas y de pluma refinada, destinado a transformar el mundo de lo tangible desde lo laberíntico, lo circular y lo críptico. En su Introducción a la Literatura Fantástica, el búlgaro Tzvetan Tódorov indica que «El fantástico es la duda experimentada por un ser que solo conoce las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural». En tanto, David Roas en La amenaza de lo fantástico anota que «la literatura fantástica contemporánea se inserta en la visión posmoderna de la realidad, según la cual el mundo es una entidad indescifrable» y «lo que caracteriza a lo fantástico contemporáneo es la irrupción de lo anormal en el mundo en apariencia normal, pero no para demostrar la evidencia de lo sobrenatural, sino para postular la posible anormalidad de la realidad». Es en este mismo sentido que Tódorov lo distancia abiertamente del Maravilloso, en el que «los elementos sobrenaturales no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes, ni en el lector implícito. La característica de lo maravilloso no es una actitud hacia los acontecimientos relatados sino la naturaleza misma de esos acontecimientos”. Y esta diferenciación se hace esencial especialmente en el ámbito americano, donde surgen dos de los géneros mixtos que caracterizan la literatura del continente: el Realismo Mágico y Lo Real Maravilloso. Es aquí donde la Literatura se funde con la fuerza mítica y mística del terruño, de lo crudo y lo marginal no para generar emociones, sino para expresar un modo de ver la cotidianeidad con nuevos ojos, aunque para ello necesite aceptar lo sobrenatural como parte de la vida diaria. En este sentido, se describe desde la pretensión de una objetividad plena, inclusive esa misma irrupción de lo irreal. Es decir, tanto de parte de los personajes como del lector, se crea la conciencia de la aceptación de América como un continente empobrecido, pero en el cual la magia está latente y solo debemos esperar a que surja con todo su potencial ante la mirada atónita del extranjero. 

América fantástica

Llegados a este punto, debo hacer una acotación necesaria. Durante centurias, el continente americano no tuvo prácticamente contacto con Europa o con Asia. Esto está claro para todos y es una observación obvia. Sin embargo, necesitamos reflexionar sobre el punto en que el español llega a las costas occidentales del Atlántico y se encuentra con un mundo nuevo. Y esta idea no es solo un título pulcro sino que contiene toda la fuerza de los sentimientos que los adelantados y su gente pudieron percibir ante lo que les era completamente desconocido: las personas y sus características antropomórficas excepcionales; los idiomas extraños; los paisajes nuevos; los elementos únicos e irrepetibles… La Conquista significó un trastrocamiento del orden establecido en la América precolombina que provocó un desequilibrio, un cataclismo: la disolución de las categorías y de las pautas culturales y sociales. Las casas nobles americanas se convirtieron en un triste despojo sin ningún peso social, excepto ser los «bárbaros» que debían ser reducidos, colonizados, «españolizados». Y ese cimbronazo, todavía se siente hoy, en pleno siglo XXI.

La mirada hacia América se convierte en un desafío, en una experiencia de por sí mágica, en lo que Viktor Shklovski, desde el Formalismo Ruso, llamaría ostranénie, el extrañamiento: ver la realidad con ojos nuevos; sólo que en ese caso no era un efecto fingido sino la realidad más dura. La imposibilidad consiguiente de nombrar lo propio americano lleva al español a la creación de paráfrasis abundantes, de metáforas y comparaciones… de encontrar que la forma más adecuada de aproximación conceptual era el barroco… o aprender las nuevas lenguas. América se convierte en un constructo discursivo en el que la realidad y la ficción se confunden, y se la somete a leyendas y fábulas de diferente origen en el afán de hacer que lo propio americano «encaje» en el ideario europeo, como bien puede observarse en las Crónicas de Indias que, de alguna manera, son el relato de la historia diaria con cierta proximidad a la magia. La crónica es, en sí misma, una mixtura de novela de caballería, picaresca e historia. 

Sin embargo, la del español no es la única voz. Felipe Guamán Poma de Ayala (1534-1615) en su Primera nueva crónica y buen gobierno proporciona la visión andina de los resultados de la Conquista. Sin saberlo, da nacimiento a un nuevo Código: el de una escritura netamente americana, a partir de la incapacidad del Código Hegemónico español de nombrar lo propio americano. Se constituye como una escritura plurilingüe y multiétnica procedente de una transculturación, de un estado de acontecimientos de los que ya no se puede volver atrás. Convencer al opresor desde el punto de vista del oprimido va a ser el eje de su obra, dando origen así a la modelización de un relato hispanoamericano cuya materia histórica es un trabajo de ficción, una escritura de la contradicción. Esta idea será puesta nuevamente en escena en el siglo XXI por la escritora argentina Liliana Bodoc y su Saga de los confines, aunque desde una mirada más simbólica, construyendo un mundo épico y fantástico.

América es una tierra de contrastes y de mixturas. Los tiempos contemporáneos nos encuentran con una dicotomía esencial: el cosmopolitismo o la defensa más exacerbada de la identidad nativa. En ese punto de encuentro, se posiciona mi propia visión literaria en el Realismo Fantástico.

El Realismo Fantástico

Si bien en esencia se encuentra próximo al Realismo Mágico, se diferencia abiertamente en el tono y esencia de sus relatos y de sus modos. Algunas de sus características propias son descriptas por la escritora argentina Vanina Rodríguez en una entrevista personal: «El Realismo Fantástico implica introducir elementos fantásticos, irreales, en un contexto cotidiano para el lector, de forma verosímil, como si realmente la historia pudiera pasar a la «vuelta de la esquina»». En el caso de sus novelas, «el ingrediente de fantasía se mezcla con la Argentina que conocemos, invitando a todos a descubrir este mundo que en apariencia no existe pero que está más cerca de lo que pensamos, tanto que podemos vivirlo, reconocerlo, al cerrar el libro y dar una mirada por aquellos lugares comunes, sean físicos o propios de las costumbres argentinas».  Siguiendo los lineamientos de Todorov para el fantástico, ante el hecho que sorprende, tanto a personajes como al propio lector, y la negación o aceptación inicial del mismo (según sea el caso), la introducción al mundo que emerge desde la realidad es paulatina. El autor busca que el lector acompañe los tiempos de los personajes (por momentos presionándolos un poco más, otros un poco menos), pero siempre insistiendo en que las reacciones que les son propias no pierdan la esencia ni la verosimilitud tan necesaria para que tanto el personaje como el lector puedan tener una visión acertada de lo que los rodea y fundirse ambos en la historia de principio a fin. El lector no sólo acompaña el proceso: puede sentirse protagonista. Por otra parte, el libro Le Matin des Magiciens (traducido como El retorno de los brujos) de Louis Pauwels fue subtitulado «Una introducción al realismo fantástico» y plantea una esencia superrealista del mundo en el que todo tiene cabida puesto que la realidad no sería un constructo rígido sino una esencia maleable, en concordancia con lo expuesto por David Roas. 

Ahora bien, como justificación de la presencia cuasi omnipresente del Fantástico, podemos contemplar la siguiente posibilidad: ¿Cuán realista puede ser un texto considerando que ningún autor está ajeno a la sociedad a la que pertenece, a su entorno, a su propio modo de ver las cosas? La objetividad proclamada por el Realismo se tambalea ante la incidencia de la interioridad del sujeto que escribe y de la interpretación abierta del lector. De este modo, se puede estar en concordancia con lo expresado por Tzvetan Tódorov en relación con el concepto de verosimilitud: «No se trata de establecer una verdad (lo que es imposible) sino de aproximársele, de dar la impresión de ella, y esta impresión será tanto más fuerte cuanto más hábil sea el relato».

La «visión desde dentro» no deja de ser una parte esencial en la cimentación de los individuos y, por ende, de una realidad que puede interpretarse sin perder su esencia concreta, dando paso a los diferentes puntos de vista y a un marcado plurilingüismo. De esta manera, pueden utilizarse como recursos para la construcción o deconstrucción del mundo verosímil creado por el autor. En el Realismo Fantástico cada personaje externaliza su interioridad para que, con la diversidad interpretativa que cada uno plantea, el lector pueda reconstruir incluso su propio mundo. En ese ambiente cotidiano, de seres creíbles, comunes, que podríamos encontrar junto a nosotros en nuestras propias vidas, allí, surge un elemento disímil atento a desestabilizar la concepción misma que cada uno tiene de su realidad circundante. Discernir la sustancia de esa irrupción es el eje de la concepción fantástica. El precursor indiscutido de este modo de concebir el Fantástico en Literatura es Franz Kafka. Roxana Rodríguez Ortíz afirma que «lo que impresiona del relato kafkiano es darnos cuenta de que el mundo no es como lo percibimos, no es una fantasía, sino una realidad fantástica» y mientras que David Roas indica que «además de reproducir las técnicas de los textos realistas, obliga al lector a confrontar continuamente su experiencia de la realidad con los personajes».

La mayor o menor incidencia del hecho sobrenatural en el relato posibilita una categorización significativa: maravilloso, fantástico, extraño, maravilloso instrumental… Sin embargo, todas estas variantes son parte de una clasificación que ha dejado de ser cuantificable. Cada texto, en especial cada texto fantástico, encierra un mundo de posibilidades genéricas que muchas veces exceden la clasificación a la cual debería pertenecer. La frecuencia de fusiones, intencionadas o no, se hace cada vez mayor: ya no hay un «molde» preestablecido que se deba seguir necesariamente. El plurilingüismo en la novela o en el relato breve no incluye, hoy en día, solo un cruce de géneros literarios próximos o la inclusión de las diferentes voces intratextuales, sino también la concurrencia de géneros que anteriormente no se entremezclaban y que parecían, incluso, incompatibles. 

La Literatura Fantástica Argentina Contemporánea

Si bien ha sido por contacto, la Literatura Fantástica Argentina siempre se vio influenciada por diferentes estímulos internacionales, sin embargo puede afirmarse que hoy en día tiene características propias muy delineadas que la hacen única. Entre ellos, según Leo Batic la «capacidad de fundir realidad y ficción de una manera que no siempre es exitosa en otros países; el hecho de que no presentar de manera marcada la dicotomía entre el bien y el mal, de manera que los personajes son más grises, siendo esta característica menos maniquea un elemento que luego tomaron las literaturas europea y americana. En general no nos encontramos con personajes centrales todopoderosos y muchas historias suelen ser más colectivas que individuales. Los magos tienen límite y el concepto mitológico latino también le da una coloratura particular». 

En 1999 con la aparición de la Saga de los Confines y en 2003 con Seres mitológicos argentinos, Liliana Bodoc se posiciona como el más claro referente del Fantástico Argentino en su vertiente más simbólica y heroica. Y es gracias a su labor que los géneros más emparentados al Fantasy (el Fantástico de carácter más europeo y norteamericano) dejaron de estar en los anaqueles de la Literatura Infantojuvenil para pasar a una difusión más masiva en las editoriales tradicionales. Liliana Bodoc, en palabras de su colega y amigo personal Leo Batic: 

Apareció en el momento justo. La literatura argentina viviría de una u otra manera el movimiento fantástico, pero no es lo mismo si los mojones originales no están construidos sobre bases firmes. Liliana es poesía en prosa, pensamiento vivo, búsqueda constante de cuestionamiento, de fuerza que empuja al lector a encontrarse con su esencia. Liliana dijo que desde acá también podíamos construir épica y ser diferentes, que podíamos hablar poéticamente y no ser crípticos. Porque su lenguaje sencillo, su interés por los chicos y su respeto por el mundo nativo, permitieron abrir una corriente que ahora fluye fuerte y cristalina. 

Liliana será recordada como una de las escritoras más bellas del Fantasy, pero también de la literatura, porque su calidad hizo que alguien salido de la fantasía fuera nombrado como escritor con mayúsculas. Como sucedió pocas veces en el mundo. Quizás con Le Guin, pero no mucho más.

Sin embargo, el boom del Fantástico Argentino se daría más en el sector «indie», en el que los escritores autopublicados se mueven con la libertad de no ceder a las formas más foráneas y presentan características más nacionalistas, presentando un universo de posibilidades nunca antes visto.

Esto último, es lo que persiguen los lectores (en especial los lectores entrenados): la novedad, la diferencia, una marca independiente que permita acceder a un mundo de variedad no signada por ningún molde extranjero. La consecuencia natural, es la búsqueda ya no en anaqueles de grandes librerías, sino en las más pequeñas; es incursionar entre los escritores auto-publicados en pequeñas ferias independientes, hasta dar con aquél que brinda, justamente, lo no pautado por ningún paradigma preestablecido. En este sentido, Buenos Aires, y sus alrededores, se ha convertido en el núcleo de una movida cultural y literaria que va en paralelo a las propuestas más oficiales dando lugar a agrupaciones de autores que se nuclean para dar a conocer sus trabajos y sus modos de ver el mundo y la Literatura, como así también la percepción de su propia obra; lo cual acerca a los lectores a un mundo totalmente nuevo: una suerte de auto-hermenéutica y la posibilidad del contacto directo con la interioridad de su escritor favorito. 

Las iniciativas E.L.F.A. y ALMIKA (a las cuales pertenezco) son dos de las más importantes congregaciones de escritores del género que se mueven haciéndose lugar desde lo pequeño, incluso, en los más grandes eventos literarios y convenciones afines tales como la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires o la Argentina Comic Con, como así también en las diferentes Ferias del Libro locales o en la creciente movida medievalista, ya sea histórica o feérica, que conmueve al país desde hace algunos años.

En su Gramática de la Fantasía, Gianni Rodari propone una serie de juegos motivacionales para niños cuyo fin último es el desarrollo de la imaginación sin límites, como recurso dedicado aquel que «cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quien conoce el valor de liberación que puede tener la palabra. El uso de la palabra para todos me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo». Tal vez sea probable que uno de los secretos de la nueva «movida» del Fantástico radique, lícitamente, en la idea de la libertad de expresión, de pensamiento y de estilos de vida, visto no como como una forma de escape sino como un modo de alzar la voz, de separarse de lo masivo y de las modas literarias y proponer lo diferente como algo que debe acercar y no separar, como un modo de curar heridas. En palabras de Liliana Bodoc: los mundos ficcionales son «una manera distinta de abordar la realidad, una posibilidad de pensar el mundo que habitamos desde otros paradigmas. Con seguridad, la ficción es una herramienta potente e insustituible para conocer lo real».

El Fantástico en la Argentina, en estos momentos, es la movida cultural que pasa desapercibida en los grandes anaqueles y es ajena a las casas editoriales multinacionales, y se gesta como antes lo fueran las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, en la voz de la reflexión y de la concienciación, en la voz de los que crecen de a poco alejados del mundo de la farándula y el facilismo consumista, permitiendo vernos a nosotros mismos como seres únicos capaces de trascender y factibles de convertirnos en nuestros propios héroes.

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