Julián Sastoque

Julián Sastoque es un joven bogotano, líder social y juvenil de 24 años que actual- mente se desempeña como concejal de la ciudad de Bogotá (Colombia) por el partido político Alianza Verde. Su formación y trayectoria son el resultado de la educación pública: bachiller egresado del Instituto Técnico Industrial Francisco José de Caldas -colegio público en la localidad de Engativá-, y Economista de la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de todos los colombianos.

Es cofundador del Colectivo Político Empoderados conformado por jóvenes creativos, disruptivos, emprende- dores, líderes y valientes, que tomaron la decisión de hacer política y se propusieron dos tareas fundamentales: 1. Romper los paradigmas asociados a la juventud en Colombia y mostrar que no son incapaces, inexpertos o que no pueden tomar decisiones asertivas; y 2. Llegar a la política para dar ejemplo y sanear los espacios públicos desde sus prácticas hasta su contenido, defendiendo las causas comunes que los unen.

Fue Secretario General de la primera Simulación de Naciones Unidas (SIMONU) de Bogotá en 2013 y fue el primer joven colombiano en ser invitado por la ONU a su sede en Nueva York para dar un discurso de paz y reconciliación en la Asamblea General, donde hizo un llamado vehemente a dejar los odios y rencores en la política, y a que la ciudadanía global le dé la oportunidad a una nueva generación para asumir las riendas de sus ciudades y países.

También fue Cofundador de la iniciativa PAZa la página que logró movilizar a más de 4.000 niños, niñas y jóvenes alrededor del proceso de paz, elaborando propuestas para la Mesa de diálogos y haciendo pedagogía sobre los Acuerdos de Paz en todo el país.

Ha sido vocero de la juventud colombiana en más de 15 países participando en eventos internacionales sobre juventud, paz, democracia, educación y desarrollo sostenible. Es conferencista internacional en liderazgo y participación juvenil.

Fue designado como Youth Ambassador para los ODS, y por su trabajo como líder social y juvenil ha ganado reconocimientos y distinciones como el Premio Nacional de Voluntariado Juvenil 2017 otorgado por la Presidencia de la República, el Victory Award al liderazgo emergente en Iberoamérica 2017 entregado por la Academia de Artes y Ciencias Políticas de Washington, y el Premio de Liderazgo El Espectador 2018.

Ha dedicado los últimos 6 años a promover la participación ciudadana y el empoderamiento y liderazgo de los jóvenes en más de 14 departamentos de Colombia, conforme al Estatuto de Ciudadanía Juvenil en Colombia. Sus principales banderas políticas son la Educación como camino seguro para la construcción de paz y posconflicto, la implementación del Acuerdo Final de Paz, los Derechos Humanos, la lucha contra la corrupción, el empleo juvenil, la movilidad sostenible y Medio Ambiente.

“JÓVENES: ENTRE EL LIDERAZGO TRANSFORMADOR Y EL CAPITAL SOCIAL. UNA BREVE REFLEXIÓN”

Por Julián David Rodríguez Sastóque, Economista UN y Concejal de Bogotá*

El debate contemporáneo acerca de la vigencia, importancia y utilidad de las Ciencias Sociales en el mundo actual, así como sobre la importancia de la formación y el ejercicio profesional de las mismas, no ha sido ajeno a nuestro país: a nuestra academia y a nuestro gobierno de turno, de la misma manera como ha sido entendido el rol emergente de los jóvenes en el liderazgo transformador.

Muestra ínfima de ello es el debate planteado por la Dra. Martha Nussbaum, profesora de la Universidad de Chicago, en su libro “Sin fines de Lucro”1. Aun no hemos sido conscientes como sociedad de la importancia de formar seres humanos con pensamiento crítico, respetuosos de la ley y de la dignidad humana, ciudadanos líderes transformadores.

Sin embargo, y a riesgo de ser contra hegemónico sobre los discursos alrededor de la economía de mercado, la orientación constructivista nos esta llevando cada vez más a formar profesionales –así como técnicos y tecnólogos- muy aptos en competencias para el trabajo eficiente, pero dejando de lado la esfera de la ética ciudadana, el respeto por lo público y la búsqueda del interés general soslayando las habilidades para la vida; el sistema de educación superior esta privilegiando la formación de profesionales que sean más funcionales al entorno económico del mercado laboral que al entorno social que puede ayudar a transformar desde su propia comunidad.

A pesar de un panorama tan poco alentador, en Colombia la oportunidad histórica que se nos abre como país y como sociedad con la firma del Acuerdo Final para la Construcción de una Paz Estable y Duradera, nos invita a todos los humanistas, a los defensores de los Derechos Humanos, a los demócratas, a los líderes sociales, a las organizaciones de la Sociedad Civil, pero muy especialmente a los jóvenes y la academia a convocar, reflexionar, participar y acompañar los procesos de construcción de paz a nivel local desde una mirada transdisciplinar, en el marco de ese concepto de Paz Territorial acuñado por el entonces Alto Comisionado para la Paz, Dr. Sergio Jaramillo.

Sin embargo esos retos de país requieren también el compromiso generacional de líderes transformadores, la confluencia del capital humano, que sean capaces de jalonar y de aglutinar sectores disímiles de la sociedad para consolidar el suficiente capital social necesario para impulsar los cambios y reformas por las vías y canales institucionales. Ese es el reto. Y es un reto mayúsculo porque además reconocemos que la generación y acumulación de capital social depende en gran medida de la educación, el acceso a la cultura –aunque sea la dominante- y particularmente las realidades socioeconómicas que desafortunadamente siguen reproduciendo las condiciones de marginalidad y desigualdad en nuestras sociedades, tal como nos lo demostraba Pierre Bourdieu en sus investigaciones (Cabrera & Infante 2016).

El liderazgo sugiere sin dudas una vocación de servicio, un carisma para conectar con los congéneres, empatía y un impulso vital por agenciar cambios a favor del bienestar común. Sin embargo, en ocasiones la motivación transaccional que significa identificarse y jugársela a fondo por tal o cual causa entraña también un interés particular, personal, racional. Para unos puede ser el reconocimiento y la satisfacción de la capacidad de agenciamiento, pero para otros puede ser simplemente el hecho de reafirmar su propia capacidad de liderazgo y transformación. Claro, no es una dicotomía excluyente, y en muchos casos tiene su origen en los rasgos propios de la personalidad de los individuos.

La evidencia empírica nos demuestra cotidianamente que el liderazgo transformador requiere equilibrar posiciones, recursos y tomar decisiones basadas en acuerdos, por lo que en escenarios cambiantes, inestables o en transiciones encuentra allí su principal dificultad operativa sin perder su motivación. Los jóvenes hoy en día nos seguimos enfrentando a dificultades para hacer oír nuestra voz, ser actores del cambio y aspirar al ejercicio del poder político, entre otras.

En Colombia, después del entusiasmo desatado por la firma del Acuerdo Final de Paz con la otrora guerrilla de las FARC, los jóvenes participamos activamente tanto en tareas de difusión y pedagogía del Acuerdo como en las urnas como quedó evidenciado ese 02 de octubre de 2016, así mismo en iniciativas de la sociedad civil como la tercera Marcha del Silencio por la Paz. La movilización social alrededor de un clamor nacional es un ejercicio democrático sin duda, pero debemos reconocer que aún hoy no hemos podido unificar como sujeto político colectivo el movimiento estudiantil, por ejemplo. Y ello supone un terreno adverso pero fértil para la democracia deliberativa y para la participación ciudadana con incidencia.

La ciudadanía juvenil como un ejercicio de resignificación del sujeto político, y pone en perspectiva la integración de saberes, proyectos, identidades y roles que demandan la acción colectiva de hoy para superar los problemas estructurales de ayer, de siempre. Allí es donde precisamente cobra mayor relevancia el imperativo ético y moral que significa el ascenso de nuevos procesos participativos y de liderazgos transformadores: jamás la política y el universo de lo público podrá ser un terreno vedado para los jóvenes ni hostil para las nuevas figuras que asuman el reto y la responsabilidad de influir positivamente, inspirar nuevas generaciones y sumar capital social.

A pesar de que hay afinidades entre el liderazgo transformador y el capital social también entraña discordancias y complementariedades. La construcción colectiva de agendas, el compromiso social reafirmado con experiencias participativas, el respeto a la diversidad y demás motivaciones e intereses influyen y presionan positivamente para conjuntamente construir respuestas comunitarias, de tal suerte que la ampliación de modelos inclusivos de ciudadanía incrementan y fortalecen la democracia y elevan las capacidades de empoderamiento de los jóvenes, quienes individualmente forjan y asumen un compromiso de liderazgo transformador.

Referencias

Ayerbe Echeberría, M. (2005). Liderazgo y capital social individual: factores clave en la competitividad. Ekonomiaz Nº 59, 2º, 160-185.

Cabrera Jiménez, M.; Infante Rincón, C. (2016). Capital social estructural y educación, un estudio desde la perspectiva de Pierre Bourdieu: estudio de caso Universidad ECCI. Revista Academia y Virtualidad, 9, (1), 105-122.

Jaramillo, S. (13 de marzo de 2014). La Paz Territorial. Bogotá: Oficina del Alto Comisionado para la Paz. Recuperado de: http://equipopazgobierno.presidencia.gov.co/ prensa/declaraciones/Paginas/paz-territorial-sergio-jaramillo-alto-comisionado-paz-proceso-paz.aspx

Nussbaum, M. (2010). Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Madrid, España: Katz editores.

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