Juan Manuel Torres

Nací en Cúcuta-Colombia el 25 de julio de 1992. Mi camino en la música empieza en el año 2008 a mis 16 años, como guitarrista empírico en la orquesta típica de mi colegio.

Guiado por mi pasión por el arte, quise aprender mucho más e ingresé a la Universidad Antonio Nariño para estudiar guitarra eléctrica. Allí, Los fines de semana solía tocar la banda de Rock de David, uno de mis compañeros, quien mencionó que estaban en buscando un vocalista. Todo quedó en comentarios, hasta el día en que tuvimos clase de solfeo, en la cual independiente de ser intérprete de algún instrumento, debíamos cantar sin excepción. Al finalizar dicha clase, él se acercó a mí y me propuso audicionar para su banda, yo respondí entre risas e incrédulo: “soy guitarrista, no cantante”, y me retiré. Honestamente creí que me lo decía en broma, pues no me veía cantando. Él continuó insistiéndome durante unos días, hasta que me convenció, y audicioné para ellos. A los integrantes de la banda les encantó mi técnica y coloración, así que fui seleccionado. Ésa fue mi primera experiencia como vocalista en una banda de Rock.

Una pequeña lección que aprendí aquel día: “Solo hace falta creer en ti mismo”.

Desde aquel día comencé a explorar mi carrera como músico; estuve en varias bandas, pero nunca lo vi más allá de una afición con la que disfrutaba mi adolescencia, entre amigos y bares. Lastimosamente las corrientes artísticas suelen ser concebidas como pasatiempos y hedonismos, perdiendo no solo su noción social filosófica sino su potencial comercial.

Pasó el tiempo y tuve algunos inconvenientes que me impidieron continuar en la universidad y debido a ello, me dediqué únicamente a trabajar como control y apuntatiempos en una mina.

Dejé atrás todo lo referente a la música, ya que por consejos de personas cercanas empecé a creer que debía estudiar una carrera que me diera dinero, pasando por encima de lo que realmente me hacía feliz. Trabajaba para pagar una carrera que no me gustaba y que por supuesto, al final dejé a un lado. Otra pequeña lección: “Las ilusiones son el motor que cambiará nuestras vidas para siempre”.

Pasaron muchos años y empecé a extrañar la música y la magia que genera estar en escenarios, decidí buscar entre mis amigos la oportunidad de formar un tributo a una de las bandas con las que crecí: “Mago de Oz”. Logré convocarlos y bueno, la idea era pasar buenos momentos y tomarnos unas cervezas al ritmo del folk metal. Yo mismo estaba viviendo una etapa de incredulidad en cuanto al potencial comercial de hacer lo que nos apasiona.

Un día fui invitado por uno de los vocalistas más virtuosos de la escena metal de Bogotá: David Camilo Solano, para ser parte de un evento con su tributo a Iron Maiden (PowerSlave). Después de ese maravilloso momento mi perspectiva hacia la música tuvo un giro de 180° , las personas empezaron a seguirme, recibí comentarios muy positivos que me aportaron seguridad como cantante. Todo esto me llevó a buscar cursos de técnica vocal, tutoriales para practicar en casa y cuidar mi voz, empecé a darle la seriedad al canto sin dejar de lado la diversión, desde luego ya veía en ello algo mucho más grande que sólo pasarla bien.

A lo largo de este último periodo he compartido escenario junto a grandes como Áleran de Adularia, cantante de Darkness, quien me dio el honor de participar en un cover de Rata Blanca con la canción «El guerrero del arcoíris”, y también he realizado tributos a artistas representativos para mi carrera como el vocalista español Leo Jiménez, uno de mis cánones a seguir. Tuve la oportunidad de ingresar a una banda de covers que me permitió conseguir dinero extra, donde me convencí de que la música es una carrera profesional.

El número de seguidores aumenta y empiezo a sentir la responsabilidad de entregarles contenido de calidad, pero sobre todo la dicha que me genera cantar para ellos.

Llegó la pandemia a nuestro país y con ella nuevos retos, y nuevos formatos. Abrí un canal en Youtube en el que vengo montando canciones de Disney y con un toque rockero, contando con la colaboración de excelentes colegas. Por fortuna la idea ha calado positivamente en la audiencia, además que ahora tengo un público más variado y con ello, la posibilidad de ser más creativo. Este mismo año 2020 desarrollé el producto KENAI, un proyecto musical cuyo de Heavy metal con el que muestro mi esencia y me permito mezclar. Allí canto, compongo y hago arreglos musicales. Así se resume mi día: entre estar montado en una excavadora y componiendo canciones en mi mente, para llegar en la noche, abrazar mi guitarra y dar vida y música a mis aspiraciones.

La gran lección aprendida de todo esto es: “Cree, y trabaja para conseguirlo. Esa es la magia de la vida, y del artista”.

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