Juan J. Ramírez

Soy un artista vallisoletano nacido en 1980 con vocación autodidacta. En la actualidad trabajo como compositor editorial, intérprete y escritor.

Como músico tengo a mis espaldas la grabación de un disco, presentaciones en TV de varios singles originales y dos décadas de conciertos con varias orquestas y grupos musicales.

Pero la poesía y las artes plásticas han estado muy presentes en mí desde mi infancia. Realicé exposiciones pictóricas junto con otros jóvenes artistas. En mi faceta de poeta, di varios recitales con obras de mi autoría con el grupo Poetas del Campo Grande (Valladolid).

Mi estilo es romántico, intimista y alegórico. Mi inspiración es el universo femenino, la soledad y la luz.

En diciembre de 2012 obtuve el primer premio de relato breve del II Concurso UNA HISTORIA CON RENAULT convocado por el periódico El Norte de Castilla y Renault España con la obra DAUPHINE Y EL AZUL. Para la ocasión se editó un libro con los relatos finalistas con ilustraciones del artista Pedro Guerra.

En 2013, la librería vallisoletana OLETVM expuso mi obra fotográfica CARTAS A ELENA y puso a la venta un libro de bolsillo recopilatorio con todos los poemas e imágenes que componían esta colección. A partir de ese momento, realizo una serie de exposiciones de fotografía abstracta en centros cívicos, universidades y bares, siempre acompañando a mis cuadros con poemas propios.

En los últimos años la locutora y periodista Ayanta Barilli, directora de programas nocturnos en la emisora española ESRADIO, ha recitado en directo varias cartas de amor de mi autoría.

Del 2015 hasta hoy he compaginado mi actividad artística con la empresarial, crean- do dos marcas comerciales y realizando las labores de creativo publicitario y fotógrafo de moda y catálogos.

En Marzo del 2021 es publicado mi libro de poesía titulado ALFILES DE LA ESPERANZA por LC Ediciones para el Grupo EDITORIAL AMARANTE reuniendo poemas pasados con otros de última creación

En el presente voy a comenzar a dar recitales poéticos al estilo rapsoda clásico (declamando de memoria y entonando) con motivo de la presentación de mi libro.

ALFILES DE LA ESPERANZA

Al igual que las figuras sobre un tablero de ajedrez, la poesía se desliza por la realidad cotidiana para capturar su sensualidad, unas veces disfrazada de monotonía y otras oculta en una dimensión paralela dejando entrever solamente un leve haz de su resplandor dorado.

En mi caso, me acompañan en esta búsqueda poética dos alfiles y una reina, donde los alfiles actúan como guardianes esbeltos y firmes que protegen una esperanza, personificada en una mujer, la reina, entre el caos de un panel de batalla comparable al destino incierto de la vida.

Pero las piezas además de fichas para jugar, pueden ser elementos de construcción para erigir un nuevo espacio. De esta forma, mi poesía se sustenta en los siguientes tres elementos de inspiración: dos alfiles como columnas (una de luz y otra de libertad) y un pilar central (la mujer).

Como poeta pienso que la luz más sugerente es la de las primeras y últimas horas del día. Porque bajo esa luz mortecina y casi fosforescente las superficies adquieren un halo misterioso y espectral; pareciera que el cielo nos avisase de que estamos en la antesala de un suceso mágico.

Considero que la belleza es el principio de la libertad, de ahí mi predilección por ambientar mis poemas en hermosos paisajes naturales y abiertos. Por otro lado, también reparo en la conexión espiritual tan fuerte que existe entre los seres humanos y la Naturaleza; pienso que las emociones fluyen mejor entre árboles, olas o rocas, sencillamente porque estamos hechos de los mismos componentes y por tanto, latimos en la misma sintonía.

La mujer, mi primera y última inspiración como poeta. Ella es el espejo donde pueden consolarse los idealistas, porque el planeta más crudo y severo reflejado en él se convierte en un lugar tierno bajo un sol naciente. Creo que el amor a una mujer es tan valioso que trasciende los límites de lo humano, y necesitamos entonces de la poesía para abarcar su universo.

HORIZONTE INDIANO

En un mar rosáceo sopla el estupor de las nubes tardías. Yo, madera y savia, guardo el horizonte en un rincón luminoso oliendo el jazmín húmedo de su orilla.

En una colmena de conchas irisadas,
el tiempo perdió una estrella.
Yo, ébano y agua,
lío senderos con fría lana.

Busco en la costa un deseo
con silueta dorada.
Las olas evocan la paz
en este horizonte indiano.
Yo, nube y recuerdo,
tallo la sombra
de la luz de los astros.

Al fin, la noche brotó ante mí como un joven rasgo azulino. Yo, soldado y silencio, me adentro en esa dimensión sin miedo a que exista un universo frío.

LA SIESTA

Su piel,
marea blanca
entre colinas bordadas.

Su aroma luce como un astro
que enciende la ribera en calma.

Lágrimas de azucenas
caen por las sendas de Mayo.

¡Elena!, grité en lo alto.

Entonces, ella giró el horizonte y los sueños, y me enseñó el motivo más cierto de un rayo de sol, el oro y el verde que en la lejanía quiero.

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