Juan Carlos Losada

Mi nombre es Juan Carlos Losada y actualmente me desempeño como Representante a la Cámara por Bogotá. Desde muy joven escogí el servicio como eje de mi vida y ese camino me ha llevado a transitar la enseñanza del yoga, la meditación y el activismo por causas como la paz, el bienestar de los animales y la protección del medio ambiente, asuntos que luego se convirtieron en el centro de mi lucha en el Congreso.

Agenciando esas causas he conseguido que varias iniciativas de protección animal se conviertan en Leyes de la República como, por ejemplo, la ley que prohíbe el testeo de productos cosméticos en animales y la ley contra el maltrato animal. También hemos logrado tramitar y aprobar importantes iniciativas de protección ambiental como la reciente modificación al capítulo de delitos ambientales del Código Penal, que creó los delitos de apropiación ilegal de baldíos, deforestación, financiación de la deforestación, entre otros.

Además de mi trabajo en el Congreso, dedico bastante tiempo a la meditación y al deporte, buscando siempre mantener un equilibrio físico y espiritual. También disfruto escuchar música, tocar guitarra y compartir con amigos, con mi familia y con mis perros Toño y Aruna.

Siento profunda admiración por mi maestro Sri Sri Ravi Shankar, quien ha sido mi guía espiritual, inspiración y de quien he aprendido las claves para vivir en armonía conmigo mismo y con las distintas formas de vida con las que compartimos el planeta.

En la actualidad pretendo continuar realizando un trabajo legislativo dedicado a la defensa de los animales, del medio ambiente, de la paz, de las minorías, de los territorios. Actualmente cursan trámite 8 proyectos de mi autoría y sigo en la construcción de otras iniciativas, que pretenden que el país avance en materia de inclusión, protección a especies amenazadas y acceso a información de consumo clara y transparente.

Entre los proyectos que se encuentran en curso, considerado relevante resaltar el Código de Bienestar y Protección Animal, que, de llegar a ser ley, convertiría a Colombia en un referente global del derecho animal. Esto, en tanto se trata de una iniciativa que pretende regular, si no todas, casi todas las interacciones de los seres humanos con los demás animales, bajo criterios de protección y bienestar.

Otro de los proyectos bandera, que he presentado en distintas ocasiones en las que he sido derrotado, es la prohibición de las corridas de toros. Este es un proyecto necesario para que avancemos hacia la construcción de una sociedad más pacífica, más respetuosa con todas las formas de vida y a eliminar los rezagos de violencia colonial que se asentaron en algunos sectores de nuestra sociedad. Finalmente, y en materia ambiental, considero pertinente resaltar que estamos pendientes de superar el segundo debate de la prohibición de plásticos de un solo uso y también que en el pasado mes de junio radicamos un proyecto que busca crear mecanismos de trazabilidad de la carne, como herramienta en la lucha contra la deforestación. Ambas iniciativas han sido construidas de la mano de varios sectores y pretenden hacerles frente a algunas de las causas de la crisis ambiental y climática que estamos viviendo en la actualidad.

Juan Carlos, el periodismo tiene una virtud que lo ubica como un oficio indispensable en las democracias y se debe a su dualidad: Todos tenemos el Derecho de estar informados e informar y el Estado, así como los medios de comunicación oficiales, el Deber de enterar sobre la Verdad. Esto NO se aplica en Colombia, al menos desde el Statu Quo. ¿Cuáles son las alternativas?

En el trámite de las iniciativas propias o presentadas por mis compañeros en el Congreso de la República, sin duda alguna, los medios de comunicación juegan un papel muy relevante, teniendo incluso la posibilidad de fijar tendencias que terminan influyendo en las votaciones y decisiones del legislativo, no en vano se les conoce como el cuarto poder.

Proteger y respetar al periodismo es sinónimo de proteger y respetar la democracia, pues es a través de los medios que los ciudadanos tienen acceso a la información y que pue den participar e incidir en los asuntos y debates públicos. Ahora bien, con el nacimiento de las redes sociales y de la era digital, la información se ha universalizado y, cada vez más, la ciudadanía ha desempeñado un rol fundamental en la lucha contra flagelos como la corrupción y en la exigencia de un cambio en la forma de desarrollar la política y de gobernar los territorios y el país.

Las redes sociales también han permitido el surgimiento de medios de comunicación alternativos y dependientes que no dependen de la pauta de grandes conglomerados económicos, situación que les ha permitido consolidarse como medios realmente independientes. Estos nuevos espacios han complementado y fortalecido la función de los medios de información tradicionales y le han devuelto la confianza a la ciudadanía que, con la llegada de las redes sociales, identificaron que, en muchas ocasiones, la información presentada tenía algún tipo de sesgo.

Es una verdad histórica que los gobiernos se alían con los medios oficiales para manipular la información a su conveniencia; parte de la política tradicional que, no obstante, las nuevas generaciones, no toleramos. Ante esta situación, los medios alternativos toman relevancia. ¿Cuáles son esos aspectos fundamentales que debemos considerar en estos espacios nacientes? ¿Cómo evitar que sean censurados o arrastrados hacia los intereses tradicionales?

Es fundamental que este tipo de iniciativas encuentre un apoyo ciudadano que les permita consolidarse y mantener las dinámicas informativas que han logrado principalmente a través de las redes, pues se trata de un ejercicio que ha nutrido fuertemente la democracia del país ya que, además de fomentar un verdadero pensamiento crítico, han obligado a los medios tradicionales y al Estado, a realizar ejercicios informativos más transparentes e imparciales

Además, los medios alternativos han permitido a los ciudadanos expresar visiones de país que muchas veces distan de las políticas gubernamentales e incluso han impulsado los movimientos sociales que se han tomado la calle desde el 2019, movimientos que han llevado a las nuevas generaciones a interesarse más en la política, en los asuntos públicos y que nos permiten soñar con una verdadera transformación del país.

Si en la constitución política de Colombia se contemplan como derechos universales y fundamentales: la vida, el agua, el ambiente sano y la salud, ¿por qué el gobierno nacional -abiertamente- ataca o permite el ataque de zonas naturales protegidas, se va contra los intereses socioambientales a nivel regional, nacional y mundial -si incluimos el Amazonas- sin repercusiones? Si están infringiendo las normas y leyes internacionales, ¿por qué no ha habido ni hay autoridad alguna que ponga final a estos comportamientos? ¿Qué nos queda por hacer más allá de salvar a otros del destino de todos?

Es fundamental que entendamos que Colombia solo va a cambiar si día a día trabajamos, desde cada uno de nuestros roles, para proteger entre todos, nuestra casa común. Debemos además asegurarnos de votar por gobernantes que tengan dentro de sus prioridades proteger y salvaguardar el ambiente, que busquen acabar el conflicto y que tengan dentro de su agenda políticas efectivas para la protección de los derechos fundamentales.

El Gobierno actual ha tenido que ajustar muchas de sus políticas precisamente con ocasión de ese control ciudadano, sin embargo, hay asuntos, como la protección del ambiente, que no han sido prioritarios en la agenda del Ejecutivo y que nos obligan a mantener el seguimiento a la gestión del Presidente y su gabinete.

Los seres humanos somos los únicos organismos que vivimos en guerras y es de allí que nace el concepto y necesidad de Paz, pero ¿Qué ocurre con nuestros recursos naturales? ¿Cómo sostendremos una Paz entre comunidades si escasean las fuentes alimentarias? ¿Cuál será el punto de equilibrio y cómo concientizar a los pueblos acerca de la sobreexplotación de especies?

Siento que la sociedad colombiana de la actualidad cada vez replantea más la visión antropocéntrica que durante siglos ha determinado la relación de los humanos y los demás animales y que ha fundamentado una producción normativa basada en la explotación indiscriminada de los recursos naturales. Por fin estamos entendiendo que compartimos este planeta con otras formas de vida que no están para satisfacer nuestras necesidades, sino que tienen intereses propios y, en consecuencia, deben ser respetadas. Ese cambio de visión se está traduciendo en cambios en los modelos de consumo, pero también en cambios en las decisiones y exigencias políticas. Confío en que las próximas elecciones reflejarán con mayor claridad estas nuevas dinámicas y que tendremos un Congreso renovado en el que se multiplicarán iniciativas en favor de nuestro ambiente, nuestros animales, las minorías y por fin podremos dar pasos certeros en favor de la paz.

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