Hugo Mantilla

Cuando escribí la letra de mi primera canción llanera me dije: bueno este es el primer paso para comenzar a desarrollar algo que desde muy adentro brilla como una llama que arde cada vez más y crecerá en la medida que la alimenté. Comencé a recopilar, en la mente, las imágenes que pasaban ante mis ojos cada vez que iba recorriendo el llano. 

Me formé de esa manera un gran retrato de donde extraería imágenes, con su dolor a veces, pero también con su belleza y alegría para dar así forma al verso, expresión genuina del alma. 

Nací en Arauca, crecí en Casanare, profundicé sobre los misterios del Llano en el Vichada y senté mis reales en el Meta, más exactamente en Villavicencio desde donde sueño, repaso el enorme paisaje llanero e imagino como el creador concibió esta tierna de cantores y poetas. 

Después de andar y conocer esta hermosa planicie me he atrevido a pensar que soy más llanero que araucano. 

Aquí en Villavicencio se me abrieron las puertas y me di paso para poder mostrar las muchas cosas guardadas en el alma de este juglar. que antes que poeta describe, de manera sencilla, la grandeza de esta tierra donde el sentir se manifiesta en el vuelo de una garza. en el río que le corta la piel grisácea a la tiesa y baja largo y quejumbroso por entre guamales y palmares sedientos de sol y de viento; a la noche con su silencio y su cargamento de misterios, a la mañana iluminada por un sol viajero que en una explosión de luz ilumina la llanura y da paso a un nuevo día sembrando la vida en cada hoja. en cada flor o en cada hombre que se acostumbró a mirarlo de frente al amanecer y despedirlo de espaldas al morir la tarde.

Mi chiquitica

A mi nieta Gabriela Alejandra Mantilla Devia, cuando cumplió un año de Vida, con su risa loca, sus primeros pasos, mi afecto y mi gratitud.

Nació del amor
mi niña bonita
sencilla radiante
como la mañana,
de sonrisa alegre
de tierna mirada:
cuando aún no hablaba
sonreía lozana
y un olor a rosas
se esparcía en la sala
alegrando al mundo
donde una familia
cantaba y gozaba.

Los meses volaron
y mi flor sencilla
con su edad temprana
radiante vivía,
Ingenua gritaba
y decía papá,
mejor balbuceaba
casi que palabras
pero en fin palabras
y le abría a la vida
lo dulce de su alma.

Mi niña de ayer
mi querida nena
se me fue creciendo
y afloró en su boca
sus primeros dientes
que en cualquier descuido
con placer mostraba.

Sus piernas nerviosas
sus primeros pasos
con miedo mostraba
hasta qué una tarde
con su risa loca
sus brazos abiertos
su alegre mirada
camino mi nena;
de placer gritaba
porque había vencido
su miedo de niña
y al mundo iracundo
Gabi desafiaba

Seguirá creciendo
como en la mañana
crecen arreboles
despidiendo el alba
y será mi niña:
flor de mejorana
dulzor de colmena
sabor de guayaba,
y mantendrá viva
un jardín en su alma.

Fragmento del cuento
“Los comederos propios”

Rosita, e viejo Juan de Dios Ruiz, me ofrece doscientas novillas al tercio; una cría de marranos; bestias para movilizarme, durante un año me proporciona comida dime facilita todo para hacer un fundo en las cosas del río Cinaruco… allá sobre los límites en Venezuela. 

En y esa zona vive el negro Dimas, un viejo amigo que se fue hace tiempo y está acomodado y está echando barriga. yo creo, Rosita, es una buena oportunidad: don Juan de Dios es un hombre muy serio y con solvencia solvencia económica.

     –Pues, Motica- dijo Rosita – las oportunidades son calvas y si eso es así, ¡hágale!, que yo más tarde me voy a acompañarlo cuando esté bien organizado el fundo. ¿Cómo piensas llamar el fundo?.

     –No sé bien todavía, pero pienso que Rosa Blanca suena bien.

     –¡Ay, Motica! Usté es el hombre más bueno del mundo… !que sea lo que Dios quiera¡

Con dos acompañantes, Motica sí enrumbo hacia el río Cinaruco a buscar un sitio adecuado para llevar a cabo su proyecto. regreso a Cravo se devolvió con varios trabajadores. pero yo una casa grande de bahareque, techada en Palma real; levantó una caballeriza con madera de dividivi; le puso un corral grande de madera redonda, y otro pequeño para los becerros. 

Contrató unos chitanos le pusieron un conuco con siembras de yuca, plátano, topocho, caña blanca y hasta una troja llena hasta el borde con cagajón de burro. 

Después tan intensa brega, motica volvió donde Rosita a contarle los pormenores de la Fundación y lo que tenía en mente para seguir adelante. fue donde Juan de Dios y le dijo, luego de abrazarlo:

     — Buenas don Juan, ¡misión cumplida!. Tengo listo el fundo que se llama Rosa blanca… es un punto muy bonito sobre la banda izquierda del río Cinaruco. Buen agua; buena pesca y cacería, y unos paisajes que ojalá usté los estuviera viendo. las sábanas son frescas, y contamos además con buenos morichales para la cría de marranos. De vos que estoy listo para arrear ganado, marranos, bestias y hasta chácharos si es que pronto cogen juicio.

     — Bueno, Motica – dijo don Juan- sí así es la cosa prepare malesteras porque el camino es largo. Contrate el personal que necesite y fije la fecha de viaje. De aquí en adelante, todo está en sus manos. Venga mañana por una escopeta, munición, anzuelos, hacha, machete, palas y lo que crean que necesita para continuar con el fundo. Cuente conmigo y ¡mucha suerte!

Pasados diez días, Motica y varios llaneros de su confianza sí encaminan a la Fundación de las costas del Cinaruco, con sus rebaños y atajos por los caminos soñolientos, los carros de mula repletos de herramientas, y cantos y silbidos agrupados en las sabanas intérmitas de los Llanos colombianos. Pasado un tiempo, Mota acomodó su mujer en una bestia dócil y le colocó una pava de colores para impedir los rayos del sol veranero. 

Hace algunos años regresé a Cravo Norte y me encontré con un viejo amigo, alegre y bonachón, lleno de historias y cuentos inverosímiles. pregunte por motica, el juglar de los viejos tiempos, y pato macho me contestó con una gran sonrisa:

     — Mano Hugo, hace meses me lo encontré Llano adentro echando una travesía hacia el pueblo de la Virgen que está cerca al río meta.

Motica me dijo: “¡Chico!, yo sigo peleando con la vida pero ahora es que pito y bramo! ¡Y es que de los hombres machos se han escrito muchas historias… mientras de los cobardes no se escribe nada! 

¡Yo, camarita, soy llanero hasta la cacha!- … solía decir Motica con alegría y orgullo cada vez que Rosita le comentaba que otra vez parecía que estaba barrigona. el hombre se quedó mirándome fijamente y canto:

Mi amigo, el juglar

Ya me estoy volviendo viejo,
ya toy entrado en edad…
quita la maña
de enlazá cacho y quijá.

Y más cuando mi caballo
es una lanza tirá,
no para la carrera,
de la vaca colorá,
que es rápida como el viento,
cuando lo van a enlazá.

Taloneó su caballo me dijo: “¡hasta luego, camarita!”. y se desvanecieron. ¡El horizonte los desapareció!

Hugo Mantilla

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