Herlinda Terán

Soy Herlinda Elizabeth Terán Rojas, periodista, poeta, escritora y ensayista. Nací el 02 de diciembre de 1979 en Quito (Ecuador). 

Me dediqué a escribir cuando mi padre me regaló un diario a mis seis años. Empecé a escribir poemas, anécdotas diarias. Fue una terapia para ir superando mi timidez, pues no hablaba con casi nadie, y esta fue la manera de expresar todos los acontecimientos de dolor dentro de mi vida familiar y escolar. Mis cuentos eran expuestos en los carteles académicos de la escuela. Luego, en el colegio trabajé de mejor manera los poemas y algunos fueron expuestos en la cartelera. 

Soy periodista de investigación y comunicadora política. Me he formado así y colaboro para la revista DIRCOM con el aporte de estas experiencias presentando análisis comunicacionales y políticos. Gané un premio de investigación periodística “Libres e iguales”, otorgado por Fundamendios y otras instituciones como la ONU, en el marco de la salud pública, titulado “Mujer que tienes cáncer cuéntame tu historia” en el cual expongo la fragilidad del sistema de salud de Ecuador y cómo ha afectado a las mujeres que sufren esta enfermedad. 

Tengo un libro de poesía publicado en el 2015, se titula “Piel de espejo”, editorial El Ángel editor. Mis textos han sido compartidos en antologías hispanoamericanas, latinoamericanas, ecuatorianas; también en blogs culturales latinoamericanos y antologías digitales. En el 2018 participé en la antología de poesía erótica, “De Sur a Sur en Verbo y en Verso”, junto con 37 poetas de España y Latinoamérica. Esta obra recibió la Mención Especial Festival Festival Internacional, Un reconocimiento internacional en Georgia – Estados Unidos. 

Entre los cargos que he ejercido: asesora de comunicación en entidades privadas, periodista de investigación, reportera de medios, comunicadora social e institucional. He escrito discursos políticos para autoridades del Estado. Gané un premio de investigación periodística sobre el cáncer femenino en Quito, auspiciado por Fundamedios, ONU, Salud de Altura (Municipio de Quito) y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, titulado “Mujer que tienes cáncer, cuéntame tu historia”, el cual fue difundido en Radio Colón.» Savannah (FIS) 2018,

Compagino estas profesiones en mi vida diaria. Cuando tuve un programa de radio en mi actual trabajo destaqué la cultura de mi país entre los segmentos informativos sobre temas agropecuarios. 

Dentro de mis proyectos para el próximo año tengo: publicar un libro de poesía y otro de cuentos. Estoy trabajando en una novela. Mi oficio de escritora es permanente como el periodismo. Siempre estoy leyendo un libro de manera relajada y gusto de escribir en la noche, tiempo en el cual me preparo mejor luego de las jornadas extensas de mi trabajo periodístico. Siempre tienes que ser profesional de tiempo completo porque el periodismo y la escritura van de la mano. La poesía al menos me invita a tenerla presente y cuando me ataca la hoja en blanco suelo jugar con palabras al azar o la primera frase de algún libro y escribo un nuevo texto. Las palabras son mágicas y vas creando textos impensados que te sorprenden. Amo lo que hago, lo disfruto y tengo fe que trascenderé de alguna manera, espero disfrutarlo en vida.

Navidad

El espíritu del pino y del palo santo
se toma las calles
abriga a los indigentes
y a los desconsolados
Una taza de chocolate caliente,
un carrito de plástico y unas prendas usadas
para los niños del pueblo
Los campanarios anuncian el nacimiento de la esperanza
en tiempo de pandemia
la necesitan los hospitales, el campo,
los suburbios, los asilos, los desempleados
dentro de casa, las familias quebrantadas
En Navidad
se abren los regalos de la esperanza, amor y paz
se escuchan villancicos en cada rincón
y el milagro omnipresente: renacer hacia una nueva vida

El árbol de los dulces 

Sebastián contempla los adornos del árbol de Navidad. Se imagina bombillos de manjar duro, Papá Noeles de chocolate, bastoncitos de turrón, casitas de galletas, angelitos de caramelo y una estrella de algodón de azúcar. Toda esta confitería colgada en las ramas del árbol artificial. Un día puso una silla para alcanzar la estrella de Navidad. Estiraba su brazo derecho lo más alto que podía desde su pequeña estatura. El árbol cayó inclinándose a la derecha. Tomó la estrella y vio que sí era de algodón, pero no de azúcar. Su madre vio el incidente y colocó el árbol y adornos de nuevo. Tomó uno de ellos en forma de regalo. Se lo dio a Sebastián. El niño lo abrió y encontró dentro un bombón. “Dulce Navidad, hijo mío, mi travieso de azúcar”, le dijo.

Grego, el goloso de la casa amarilla

El aroma de la canela se ha tomado la casa por completo. ¿De dónde proviene? De la cocina de doña Carmita, quien prepara todos los días un postre diferente para sus hijos y su esposo. El más goloso es Grego; siempre está tras las ollas, muy pendiente de los dulces.

El pequeño niño de siete años fue a pasos silenciosos a investigar qué preparó su mamá.

-Uhmm, huele delicioso-, dijo, mientras alzaba la tapa azul de una olla mediana, color
plateada.

El humo le llegaba al rostro, mientras percibía su aroma. Observó que dentro se cocía una especie de salsa blanca. Tomó el cucharón de madera y lo empapó con la preparación. Era el tradicional manjar de leche que su madre cuece cada Navidad o Año Nuevo.

Probaré otro tanto más-, dijo el pequeño goloso subido a un taburete de madera frente a una de las estufas.

Su madre entró a la cocina y le descubrió con las manos en el cucharón. Su boca hasta la quijada empapada de manjar.

-¡Carambas hijo, bájate de ahí! Me has dejado media olla de manjar- le reclamó con autoridad.

Grego se sonrojó y pidió disculpas.

-Mamá, ya sabes que me gusta el manjar de leche, lo siento
-Ay hijo, qué travieso eres. Ayúdame a preparar más manjar-

Juntos tomaron un litro de leche fresca de vaca, arrocillo, azúcar, astillas de canela y prepararon un poco más de manjar para la cena de Año Nuevo.

Grego vive en una casa pequeña, de color amarillo, acogedora, sencilla, donde toda la familia se reúne al calor de los abrazos y los buenos deseos para el año venidero.

Su madre Carmen ha preparado además conejo al vino, ensalada de papas con nueces, dulce de sambo y gelatina.

– A ver niños, cámbiense de ropa que ya mismo vienen los tíos para la reunión familiar-, dijo doña Carmita

Todos vistieron sus prendas nuevas que les regalaron por Navidad.

Grego lucía un pantalón azul tipo casimir, una camisa blanca, un corbatín negro y un par de zapatos negros, casi igual que sus hermanos que prefirieron un saco de lana.

Las hermanas lataviaron vestidos rosa y violeta con zapatos de charol negro.

Hasta que llegue la noche, el inquieto de 7 años invitó a sus hermanos y hermanas a jugar futbol. Formaron dos equipos y empezaron a mover la pelota de izquierda, derecha, centro, con el objetivo de introducir el gol a los arcos.

Grego trató de quitarle la pelota a Martín, pero no le daba oportunidad. Soltó su pie, inclinándose en 90 grados en medio de las piernas, lo enganchó en el tobillo, empujó
el balón y resbaló de rodillas contra el suelo.

Lloró del dolor, le salió un poco de sangre entre las aberturas del pantalón nuevo que
lucía empolvado.

Su madre, preocupada por escuchar el llanto, salió a ver qué sucedió. Vio a Grego sentado, rodeado de sus hermanos que trataban de levantarlo sin que le dolieran las pequeñas heridas.

Doña Carmita lo llevó entre sus brazos al baño. Le lavó las rodillas con agua tibia y jabón. Le untó un poco de agua oxigenada para cicatrizarlas. A parte tomó su pantalón,

le sacudió el polvo y lo remendó con destreza, una costura invisible, que pareciera no haberle ocurrido ni un rasguño a la prenda.

Doña Carmita tenía dedos de ángel para la costura, cocina, la organización de la casa y sobre todo, para abrigar a sus pequeños hijos, a más de ser su consejera y amiga.

Llegó la hora de cenar. Toda la familia, tías de Colombia, incluido los gatos, se ha reunido en medio de todos los manjares preparados con amor y la ayuda del travieso

Grego que casi termina con el arequipe.

Tiempo después falleció doña Carmita y Grego no volvió a degustar sus especialidades. Quería revivir sus recuerdos en la búsqueda del recetario. En ningún rincón lo halló.

Cierto día recibió la llamada de la tía Patricia, desde Colombia.

-Gregorito, yo tengo el recetario de tu madre, cuando puedas ven a verme y te prepararé sus manjares.

– Está bien tía, le avisaré el día que pueda ir a verla.

Grego cada vez que va a la cocina le abrazan los recuerdos y sobre todo, los consejos de su madre, que ahora en su adultez los ha practicado en su diario vivir como un gran ciudadano y persona. Espera de nuevo reconstruir la dulzura de su madre cuando pase la pandemia.

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