EL JUEGO DE LAS FECHAS ESPECIALES EN REDES SOCIALES

Luis Antonio González Silva

Facebook me pregunta ¿Qué estás pensando?, escribo en ese breve espacio «Estoy comiendo un mango», envío. En segundos las personas reaccionan a ello, algunas comentaron que les invite de mi mango y algunas más ya se hicieron la imagen mental que me gustan los mangos. No hace falta decir que eso fue mentira en varios niveles, pero así funcionan las redes sociales y nuestra vida día a día.

Recuerdo, de niño, hace unos eones en tiempos bíblicos de la internet, que las fechas como la que acaba de pasar, el 14 de febrero (hablando de una visión completamente occidental) tenían cierta presión social, pero era la presión por festejar dichas fechas, tener con quién compartir ese día y no sentirte tan solo, por así decirlo en un general total. Ahora, con la llegada de las redes sociales es una carrera más por compartir para presumir de ello. Sé que las redes sociales son herramientas fascinantes, sobre todo cuando ocurren catástrofes o luchas sociales, eso se hacía, se encontraban personas en eventos naturales catastróficos, se señalaban injusticias ante luchas sociales y se blindaban a manifestantes con el ojo frío de las cámaras de teléfonos inteligentes; son buenas para ello, pero (el gran pero) ese contenido ya no es apto para competirse por ser no apto para toda la familia. Cada día veremos menos lucha y asistencia social y más presunción e imagen. Las redes sociales buscan «vender» la idea de que estoy comiendo un mango que no existe. 

Las empresas saben de esto, lo saben muy bien. Hemos visto publicaciones, palabras más palabras menos, «Cuenta tu historia de amor, comparte y la que tenga más reacciones gana un premio con nosotros» y van a colocar sus historias, reales o no, no lo sabemos, y comenzarán a competir por ese premio. Es más, no sé por qué estoy explicando todo esto, ya que lo vivimos día a día, y por ello, creo que los días festivos dentro de las redes sociales han cambiado; ya no se trata de saber con quién comparto esos días para disfrutarlos y no sentirme más allá de la diáspora de mi naturaleza gregaria, es más, ahora se hace para presumir, mostrar, exhibir que festejo un día, en este caso, el 14 de febrero, día del amor y de la amistad, y de los moteles y del sexo, sobre todo eso último; presumir que disfruté o estoy disfrutando de cierto día, agradeciendo el momento, colocado emoji.

La presión social cambia, pero sigue siendo presión. No es solo tener con quién compartir el momento, es compartir lo que hago para que todos observen que me estoy comiendo un mango que no existe, pero eso no se los diré. ¿Por qué? Porque dejamos de ser piezas pasivas y convertirnos en piezas activas, en verdad; hace 10 años, todavía estábamos acotados a las opiniones de locutores de radio, presentadores de noticias en televisión, vamos, solo ciertas personas podían compartir su opinión de manera pública y solo las celebridades nos compartían su vida; ahora no, todos queremos ser personas que logran influenciar en los demás, por eso opinamos si alguien se come un mango, las implicaciones sociales de comer mango, el significado del mango, los rumores de que Christopher Nolan hará una trilogía del mango que no existe.

Dejemos de darle vueltas y vayamos a los datos, Violeta Rodríguez del Villar, académica del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el artículo Amor o consumismo: 14 de febrero, primer momento del año en el que se registra una recuperación económica publicado el 13 de febrero de 2019 (no hace falta decir que es antes del confinamiento voluntario a nivel mundial) profundiza que el ser humano valida o mide los sentimientos de las personas mediante objetos materiales de corto y largo plazo, siendo los primeros artículos o servicios de un solo uso o desechables y los de largo plazo son aquellos necesarios y duraderos, como anillos, bienes inmuebles u objetos de más de un uso; con esto claro, Violeta Rodríguez menciona: “Estamos muy condicionados a expresar nuestras emociones mediante los bienes materiales, lo que lleva precisamente al incremento de las ventas”.

Hasta en este punto podemos reconocer que es muy valido hacer uso de fechas importantes, en este caso, el ejemplo del 14 de febrero para promocionar y ofertar mis servicios, sea restaurante, hotel; o productos, como peluches, flores, tarjetas; estimular la economía, aunque nuestra estabilidad mental esté en juego, con esto, se añade la hermosa presión social que existe en redes sociales por mostrar (presumir) que uno festeja ese día.  Aquí abordamos el artículo Redes sociales y desarrollo humano de Sara Gallego Trijueque de la Universidad Rey Juan Carlos (España) dentro de la revista BARATARIA (Revista Castellano-Manchega de Ciencias sociales, 2011); donde se argumenta la necesidad de vinculo que tenemos como seres humanos y cómo buscamos agruparnos para hacer valer nuestra condición gregaria, por ello marca que las redes sociales, sí bien, son instrumentos de vinculación y agrupación, carecen de emociones. ¿Acá ya se nota que soltamos la liebre? 

Las redes sociales se fueron moldeando a nuestras necesidades de convivencia y comunicación en sus primeros días, comenzaron como herramientas libres en toda expresión, como en todo, se necesita de luz y de oscuridad para abordar cualquier espacio; las redes sociales no fueron la excepción a ello. Todo se forjó a bien hasta que la Nación del fuego atacó, y por ataque me refiero el marketeo para mantenernos dentro de estos ambientes digitales usando emociones. Las emociones, de la cuales carecían los primeros días de la social media, ahora nos dominan y nos presionan a puntos adictivos, ya que disparan dentro de nuestro cerebro. En el artículo de Melissa Velásquez Loaiza en entrevista a Carolina Melo (Facultad de Medicina en la Universidad Johns Hopkins) para CNN Español (29 de octubre de 2021) se menciona el constante refuerzo de aceptación que tiene el publicar algo dentro de nuestros perfiles sociales; si subo una foto de perfil quiero la aprobación de varias personas, si subo que estoy comiendo mango, quiero que varias personas lo observen y reaccionen. Eso provoca que nuestro cerebro reciba shoots de neuroquímicos que nos estimulan, lo mismo que con las drogas; de aquí el encanto adictivo que tienen las redes sociales. Ahora, ya con esto puesto sobre la mesa y la presión social de festejo de fechas… ¿qué haremos? Solo sumar uno más uno. 

Las fechas especiales surgen para recordarnos y fortalecer ciertos aspectos de nuestra condición como seres gregarios; las redes sociales surgen para vincularlos y ser herramientas de comunicación y convivencia, ¿estamos de acuerdo? Así deben mantenerse, olvidamos que nosotros hacemos todo eso para nosotros mismos; el día que nadie quiera festejar una fecha, esta se olvidará. No vengo a satanizar nada, ya todo está satanizado, pero es deber nuestro tener autocontrol, si disfruta de una bebida alcohólica es por su sabor y no para amanecer en Belice y sin memoria; hemos caído en un juego emocional para una carrera hacia a la aprobación como esos experimentos con palomas. 

Las fechas especiales que tenemos en nuestro año, ¿las vivimos o las buscamos para compartirlas en redes sociales? Bueno, la siguiente vez que postees algo haz la siguiente pregunta ¿por qué estoy compartiendo esto? En tu respuesta está el mensaje que debes atender. Momento para la reflexión, mientras tanto, comeré ese mango que no existe, pero hice existir en la mente de las personas son solo mencionarlo. 

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