Christian Nieto Tavira

Periodista de profesión, egresado de la Universidad de Murcia, donde se inicia en la escritura poética. Nace en Ricote (Murcia) en 1998.

Versos suyos han aparecido en revistas como Claustrofobia, El vuelo del flamenco y La Fanzine. Sus influencias poéticas van desde Federico García Lorca a Charles Bukowski o Walt Whitman. Considera la poesía como un arma social, por lo que organiza multitud de recitales benéficos. Es autor de los libros Última bala (La Fea Burguesía, 2016), Canto desgarrado (Ediciones en Huida, 2018) y Apuntes para un futuro caos (Boria Ediciones, 2020). Actualmente se encuentra inmerso en la creación de una novela para deleite de todos sus lectores.

HISTORIA DE UN AMOR

CONFINADO EN TRES ACTOS

Acto I:

Hola, ¿qué tal?
Sólo quería saber cómo vas.
Saber si no has llegado a la locura al estar entre
cuatro paredes,
si tus lecturas ya no te son suficientes,
si ya has visto todo el catálogo de Netflix,
si me echas de menos.
Saber si aún recuerdas el calor de mis abrazos,
el olor de mi pelo
y cómo son mis labios.
En este tiempo todo me recuerda a ti,
te veo en cada poema que escribo
y cada canción de amores olvidados que escucho.
Porque esta locura que me atenaza me hace olvidar lo que soy
pero no quién eres ni lo que eres para mí.
Supongo que las ciudades volverán a vernos
juntos
pasear de la mano y recorrer cada país
con esa mirada de quien descubre el mundo
aunque siempre haya estado a un paso.
Quiero que seamos libres.

Saldremos de esta,
estoy seguro.
Juntos.

Acto II:

Se querían.
Eso estaba claro.
Antes del confinamiento se encontraban mirándose cara a cara,
con un té en la mano
y alejados del barullo que se había formado en el
bar en torno
a las palabras de un viejo poeta.
Se agarraron de la mano y se juraron aquellas
promesas
que dos personas se dan cuando saben que el
amor
ha naufragado en sus costas.
No oían nada más que lo que salía de sus labios.

Salieron del bar como un rumor del viento,
paseando por la gran ciudad como esas
parejas felices de las postales parisinas.

Fue en el piso donde por primera vez se conocieron sus cuerpos,
donde pudieron jugar a ser ellos,
carne contra carne
y corazón contra corazón,
se amaron hasta que salió el sol
y las noticias no trajeron nada bueno.

Cada uno en su casa,
ya separados,
él recibiría su WhatsApp y se disponía a contestarle.
A su novio.
La persona que amaba.

Acto III:

Hola.
Recibí tu mensaje y las lágrimas pasan por mi
cara.
Cómo no voy a recordarte,tonto.
Sabes que me conozco cada pliegue de tu piel,
que sé como te gusta el chocolate
y que te abrace por la espalda
como dándote un susto
pero con la confianza que da el amor.

Estoy con mi padre.
Sé que hace lo que puede,
que rectifica cuando me llama “María” y tras decir
mi nombre: “Javier”
un hilillo de pequeñas lágrimas sale de sus ojos.
Sé que hace lo que puede por comprenderlo,
por comprenderme
y por comprendernos.

Por eso supongo que no dice nada cuando cojo
una mascarilla y guantes
y le digo que me voy.
Da una calada a su cigarro y asiente,
antes de dar un largo trago a su vaso de vino.
Sé que hace lo que puede.

Ahora te espero bajo tu ventana,
y grito tu nombre.
Me sonríes desde la ventana
y tengo la certeza de que te quiero.
Y con eso, en este momento, me basta.

Christian Nieto Tavira

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