Carolina Valencia

¡Hola, Libresteros!, soy Carolina Valencia Bernal, una bogotana de 46 años con algo de mundo recorrido y, por supuesto, muchas vidas que contar.

Me formé como periodista en la Universidad Central de Bogotá de la mano del maestro Jorge Consuegra a finales de los 90. En el 99 salí del país por cuestiones familiares que me llevaron, durante 15 años, a vivir diversas experiencias inimaginables, en tres países diferentes, que me formaron como la persona y la profesional que soy.

Salir del país con la mente abierta, en aquella época, justo cuando se daba el cambio de siglo, hizo que la experiencia se convirtiera en la mejor preparación de todas, algo equivalente a lo que sería cursar en cascada un pregrado, un posgrado, una especialización, una maestría y un doctorado.

Ojo que no pretendo quitarle méritos y créditos a las formaciones universitarias, ni a quienes han cumplido con todos los requisitos, pero a nivel personal, no sería yo y no hubiera logrado el conocimiento analítico y crítico que logré de no haber estado atenta a todo lo que pasaba a mi alrededor durante esos 15 años. Además, me dio un panorama más amplio de lo que somos como pueblo, región y humanidad.

Gracias a esa experiencia desarrollé el talento de las relaciones públicas como una estrategia de supervivencia, que me llevó a mucho de lo que actualmente desempeño como profesional; la escucha es uno de los talentos que se desarrolla con el buen ánimo del aprendizaje junto a la humildad y nobleza del carácter, porque si no aprendemos a escuchar jamás seremos capaces de entender a los demás, ni a la sociedad. La escucha es un arte que los periodistas desarrollamos para poner en práctica el talento, lo cual nos da la capacidad de comprender el cómo y el por qué.

No he tenido muchos reconocimientos, en el año 2000 fui entrevistada por el periódico “El Punt Diari” de la ciudad donde vivía en Catalunya, la ciudad de Girona; la entrevista se dio porque creé una asociación de colombianos con el fin de exaltar la cultura del país fuera de las fronteras. Casualmente una época plagada de masacres en Colombia, que también me llevó a organizar marchas por la paz, lo que me trajo una denuncia de un miembro de la asociación, el cual me acusó ante la policía local de revoltosa, curiosamente la policía me apoyó y se adhirieron a la marcha, además de escoltarnos.

No tengo ídolos, no creo que sea sano, pero sí he admirado a personas y personajes que he tenido el privilegio de conocer y, en un caso concreto, la fortuna de trabajar a su lado. Desafortunadamente este me defraudó como persona y, de hecho, fui víctima de su maltrato, acoso y abuso laboral. Nadie es infalible, los seres humanos tenemos miles de errores, pero lo peor que podemos hacer es aprovecharnos de una condición de poder para ejercer maltrato o abuso sobre los demás. A esta persona no la mencionaré, solo diré que fue para mí un maestro en lo que no debemos ser como figuras públicas o personajes famosos.

Conocer a Iván Cepeda Castro y a Aída Avella me llenó de profundo orgullo por lo que representan en la política colombiana. Creo que son símbolo de lucha y tenacidad a pesar de lo adversa que ha sido su vida. Conocí y entrevisté al premio Nobel de Paz, el señor Adolfo Pérez Esquivel quien es un referente de la lucha latinoamericana contra las dictaduras de los años 70 y 80 en el Cono Sur y a nivel mundial.

En esos mismos años de vida argentina conocí también al periodista, sociólogo, investigador, analista de política internacional y escritor Pedro Brieguer, director del portal de noticias latinoamericanas NODAL, con quien mantengo buena relación profesional. Y, por último, al señor Juan Carlos Monedero politólogo, político y profesor español, fundador junto con Pablo Iglesias del Partido Podemos en España, lo conocí en una reunión que tuve la tarea y el honor de organizar en la ciudad de Bogotá.

Hago parte del Círculo Podemos Colombia desde el año 2017 y allí tengo la responsabilidad de manejar el área de formación de Podemos Exteriores, junto a un grupo de mujeres y hombres de diversas profesiones, quienes estamos emprendiendo el reto de sacar adelante la plataforma Podemos fuera de las fronteras españolas. Para mí, es el mejor reconocimiento que puedo tener por mi perseverancia, constancia y lucha.

Ser parte de un movimiento político como Colombia Humana, si bien me llevó a conocer a algunos personajes importantes de la política colombiana también me ha traído una profunda decepción, en la forma que se desarrolla el trasegar político en los sectores de izquierda en este país. Ha sido una decepción el manejo y el trato que se le ha dado a las mujeres que han denunciado a acosadores sexuales de ese movimiento; es una guerra sin cuartel en la defensa de miembros de ese colectivo político contra mujeres y también hombres, y eso en el mundo actual es indigno y no corresponde a las luchas mundiales que proclaman, ahora más que nunca, los derechos de las mujeres y, sobretodo, su representatividad en la política.

Si es así, prefiero ser crítica, propositiva y con argumentos desvirtuar todo tipo de ataques y marrullas contra quienes queremos hacer un poquito bien nuestro trabajo en la medida que nos lo permitan y no debería ser ese el curso normal.

Siento que mi aporte a un Estado de Derecho pasa por seguir siendo coherente con aquello que mi sentido común me ha permitido aprender; el respeto íntegro por los demás, cualquiera que sea su forma de pensar y/o actuar, eso sí teniendo la capacidad de debatir, defender mis posturas, proponer y realizar ideas junto con iguales en medio de la diversidad; construir y sanar en medio de tanta injusticia es complicado, es desgastante pero la voluntad de varios nos hace fuertes.

En esta profesión la credibilidad es un valor inalterable y en eso soy inflexible. Desde abril del presente año estamos transitando en Colombia un pequeño paso hacia la toma de conciencia general, el Paro Nacional 2021 me ha dado la oportunidad de visibilizar y de ofrecer una alternativa independiente de contar cómo se han desarrollado los hechos diarios en este momento crucial para el país. Contar lo que acontece con una voz digna y justa me ha llenado de mucho más amor y compasión por Colombia. Es un aporte importante, quizá el más notorio de mi parte para la construcción de un mundo mejor.

El periodismo tiene una virtud que lo ubica como un oficio indispensable en la democracia y se debe a su dualidad: Todos tenemos el Derecho de estar informados e informar y el Estado, así como los medios de comunicación oficiales, el deber de enterar sobre la Verdad. Esto NO se aplica en Colombia, al menos desde el Statu Quo. ¿Cuáles son las alternativas?

Sonará redundante, pero la independencia es para mí la alternativa. En un mundo globalizado e impregnado por la inmediatez de las redes sociales pienso que la independencia es más que factible y más que posible. Solo hace falta como en todo: voluntad, creatividad, autenticidad y mucho coraje, sobretodo coraje para enfrentar a los medios hegemónicos y a los Estados autoritarios como ha demostrado serlo el colombiano. Nuestro reto es lograr esa independencia y ser capaces de transmitir un mensaje totalmente respetuoso de la verdad por más que esta sea intolerable o terrible.

Es una verdad histórica que los gobiernos se alían con los medios oficiales para manipular la información a su conveniencia; parte de la política tradicional que, no obstante, las nuevas generaciones, no toleramos. Ante esta situación, los medios alternativos toman relevancia. ¿Cuáles son esos aspectos fundamentales que debemos considerar en estos espacios nacientes? ¿Cómo evitar que sean censurados o arrastrados hacia los intereses tradicionales?

Creo que lo contesté en la pregunta anterior: intentar la independencia a pesar de todos los riesgos. El periodismo bien ejercido siempre nos lleva a los límites de nuestros propios principios. Informar con responsabilidad es un aspecto fundamental en los medios alternativos, especialmente porque tenemos los ojos encima para incriminarnos, criminalizarnos, difamarnos y censurarnos.

¿Cómo evitar ser censurados? Es casi imposible en los tiempos que corren; debemos ser lo más veraz que podamos, corroborar cada información, cada fuente e intentar estar siempre dos pasos delante de los medios politizados. La agudeza y el instinto deben ser muy afinados y la escucha, la escucha es el respeto que el público siempre premia.

Los Bulos o Fakenews son la metamorfosis de la vieja táctica de la omisión o sesgo de la información, pero con un mayor cinismo: la mentira. Basándose en la “retractación” e incluso por el hecho de atacar opositores, los ambientes políticos se han llenado de marañas al punto que tenemos que dedicar mucho más tiempo a cada candidato y servidor público para corroborar, por nuestra cuenta, que sus consignas sean veraces. Es aquí donde el investigador y el periodista juegan un papel vital en las democracias, con su mayor poder: la Contrastación. Empero, si los nuevos periodistas se quedan en cuentas de redes sociales, ¿qué evitará que los corruptos paguen por hostigarlos a través de su cuenta?

La posverdad es la que manda la parada en este tema, crear y modelar o fabricar una consigna, aunque no sea cierta y hacerla creíble a la opinión pública simplemente lleva al desprecio por las verdades incómodas. Estos hechos o circunstancias creadas alejan a la gente de generar sentimientos o impresiones sobre lo que realmente sucede o acontece para dejarlo en lo que se quiere que piensen, razonen y comuniquen con el boca a boca.

Hasta el momento estamos permeados por esa realidad; sin embargo, ya las personas empiezan a indagar y a corroborar la información que reciben. Ya son ellos mismos como lo mencioné entes, quienes, con sus dispositivos móviles nos acercan a la información de primera mano y hasta desvirtúan, en muchas ocasiones, lo que los grandes medios pretenden reflejar sobre un hecho determinado.

No solamente los corruptos hostigan a través de sus cuentas, sus mismos seguidores, fanáticos en su mayoría, a título personal, se encargan de estigmatizar, señalar, hostigar y perseguir a los contradictores de sus ídolos bien sea políticos, artísticos, empresariales o del sector que sea. Seguramente no podremos librarnos de esa modalidad mientras no exista una ley que los regule, aun así, la discusión sobre hasta dónde llega la libertad de expresión sería otro punto a analizar y discutir.

En Colombia y durante varias décadas, el mayor ejemplo de periodismo que recibieron los colombianos provino de medios de información sujetos a los intereses de los distintos gobiernos. Y en dicho periodo de tiempo, la faceta del periodista, emitida al aire sobretodo, era la del informador, es decir, no se contrastaba la información ni las fuentes, no se recreaban debates en el set ni se realizaba análisis crítico que educara a la población y le permitiese sacar conclusiones, por el contrario, le enseñaron a creer (más que a saber) que el Statu Quo tiene la verdad absoluta. Esta lección debe mantenerse a futuro. ¿Qué apreciaciones tienes al respecto?

Bueno, sí ha habido periodismo crítico en Colombia, en contadas excepciones, pero sí, incluso dentro del mismo establecimiento o espectro comunicacional, de eso hace ya mucho, claro está. No quería mencionarlo pero periodistas como Hollman Morris quien inició su carrera en el Noticiero AMPM (de producción M-19) fue quien emprendió entonces con la reportería de guerra, hizo un periplo por el país en busca de todo ese horror que nos negaban las imágenes oficiales (quizá en lo que mejor se ha destacado como profesional); el mismo Germán Castro Caicedo (Q.E.P.D) tuvo relevancia en algún noticiero que ahora no recuerdo; el periodismo de investigación y la reportería están en estado de caducidad.

Todo está tan cooptado por las redes sociales, los cables informativos, toda la información o la mayoría nos llega por WhatsApp o Telegram; el periodista que sale a investigar es uno en mil y esto del todo no es tan malo, porque el ciudadano es quien nos reporta de primera mano, en ese sentido el papel de informador o reportero ha mutado y la población en general con un dispositivo móvil puede informar en tiempo real. La labor nuestra en todo caso es, corroborar las fuentes, elaborar un relato que corresponda fielmente a lo que nos han transmitido y hacerlo llegar de la manera más respetuosa al mundo.

El ser críticos y no solo quedarnos con el titular es un riesgo y un valor añadido. No nos capacitan para eso, sino para tragar entero. No es lo mismo entrevistar a Álvaro Uribe con todo y el temor que impone, que entrevistar a la Reina Isabel II con los mil y uno protocolos cuando eres un mortal igual a ellos, que entrevistar a un habitante de calle que suele ser espontaneo, que entrevistar a un científico de la NASA; pero hay algo en común, el arte de la escucha que debemos tener los periodistas hace que cada una de esas entrevistas sean únicas, respetuosas y también críticas.

Anillo Estilo modernista, pieza única, inspirada en el mar y en la obra de Antoni Gaudí. En este anillo vemos cómo la colección Entre el mar y yo se funde con la Puerta de la Pedrera, uno de los edificios modernistas más importantes del autor en Barcelona. Sus anillos son diferentes y cada uno es inspiración del momento

Pendientes Colección Entre el mar y yo

Inspirados en el mar. Compuesto por un caballito y tres estrellas. Pendientes modelados con la técnica cera perdida. Fundidos en bronce de manera artesanal, esta colección nace por mi amor y devoción por el mar, allí reflejo su fiereza y la paz que trasmiten las olas del mar cuando llegan a costas.

Anillo Colección Anémonas

Perlas cultivadas. Inspirado en las anémonas del mar.

Anillo Colección Bellotas

Dedicado a todas las mujeres de espíritu revolucionario: madres, hermanas, esposas, novias y amigas.

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