Angelica Guerrero

Escribir desde el interior de uno mismo es una cosa muy complicada, para mí siempre lo ha sido sin embargo trataré de resumir aquí en dos expresiones quién soy. Llevo algunos años algo tranquila confirmando que soy una amalgama entre una oveja negra y una oveja coja cómo lo señala Sofonías 3. 11.17. Si cojeo al caminar y aunque ese visible detalle en realidad no me define si me parece muy loco que esté referenciado en la biblia, por eso lo adoptó como dirigido directamente del cielo hacia mi humanidad, Yo la oveja coja y negra cómo muchas no por el color de piel sino por las exigencias que desde pequeña una iba reclamando a las estructuras que lo contenían a uno. La casa, la familia, la escuela en fin y pues precisamente esa circunstancia de ser oveja coja género ciertas dificultades de movilidad, qué obligó necesariamente desarrollar más talentos con la mente, la palabra la comunicación qué con el cuerpo. Aprendí a hacer cosas raras con las palabras, a decretar mantras, a leer la mente. Aprendía en serio a sanar con las manos mientras mi alma de formación en este plano un tanto judeocristiana budista cuántica trata de apañarse en un cuerpo lleno de límites.

Terminé tomando el rumbo de la magia y de los misterios del ser como objeto de conocimiento y todo lo que huela a milagro se me ha vuelto bocado de Cardenal. A los 5 años todo era muy difuso, ganándome desde ese entonces la fama de imprudente: yo podía perfectamente ir por ahí desprevenida y señalar a cualquier vecino o parroquiano y anunciar de que se iba a morir pronto, en una reunión de domingo pregúntale a mi hermano mayor donde estaba la niña que tenía fuera del matrimonio, desde que tengo conciencia y uso de razón esto me ha traído muchos problemas, sigo trabajando sobre el ser prudente y la prudencia y la verdad es cosa jodida.

Ya en la vida universitaria conocí a mi primer maestro guru, es el profesor Dioscórides Pérez aún vigente en la Universidad Nacional quién por ese entonces acaba de llegar de Beijing de hacer sus años sabáticos, (fueron más de uno) y llegó cargado de información y experiencia que empezó a poner en la universidad como semillitas de alpiste para jóvenes estudiantes deseosos de esos otros mundos tan lejanos. Empezó una serie de aproximaciones al mundo asiático en ejercicios como clases de taichí chuam, chi Kung, acupuntura, reflexología, teatro de Sombras, masaje shiatsu en fin. Dioscórides Pérez llegó cargado de bambú en el corazón y eso me sedujo hasta convertirme en una Reflexóloga experta. Ya en ese entonces al dejarme engatusar por los encantos de mago, sentí la libertad y puede compaginar las visiones y las clarividencias (que tenía ocultos por la orden materna) y las puse a funcionar dentro de mi quehacer profesional, inicie psicología y terminé graduándome cómo fonoaudióloga, y me enfoqué en el área la salud comunicativa y el lenguaje, en ayudar a resolver conflictos que tuvieran que ver con la voz, el lenguaje y el cerebro. Pero todo lo hacía desde los pies.

Sí. empecé a reparar trastornos de la comunicación desde la reflexología y el masaje shiatsu. Estudié medicina tradicional China y poco a poco me fui ganando un lugar en el mundo de la magia. Y aunque la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá fue quien me formó académicamente Dioscórides Pérez en su riqueza humana, académica y espiritual propuso un diálogo de saberes con los estudiantes, y eso abrió mis fauces hambrientas del mundo holístico en general.

He atravesado muchos linderos en saberes de nuevas medicinas, me encanta la Biodescodificacíon, la mente plena en el Mindfulness, las técnicas de liberación emocional, espiritual y orgánica. En eso estoy más preparada que un yogurt, sigo estudiando actualmente y estoy haciendo una maestría en Sanación Pránica, avalada por el Pranic-Healing Institute de Manila.

Pero eso y nada es lo mismo, si no reconozco que sin un deseo de infinito, de bien común. Es decir, sin amor vale nada tanto conocimiento.
Cuando me preguntas en la entrevista que sí tenido ídolos la verdad han sido pocos, fui formada en un pensamiento nihilista pragmático, es decir, mi madre pensaba que no había remedio, pero que tocaba actuar como si hubiese, por si acaso.

Sin embargo, además de Dioscórides y su Bambú en el Corazón, considero que otros ídolos fueron mi madre, Carmen. Y María Fernanda Barrera, una jefe que tuve en la juventud temprana. La primera, por sus conocimientos de herbolaria, por su fuerza y resiliencia. Y la segunda fue importante en mi vida porque me contrató casi al final de mi formación universitaria como su auxiliar para ir junto con ella a recorrer Colombia en temas de educación popular y una elección preferencial por los pobres tipo teología de la liberación. Eso fue decisivo en mi vida.

Posteriormente sobre el año 1995 empieza mi enraizamiento en Villavicencio, Meta, persiguiendo salvar un matrimonio lleno de nebulosas que un día de fuerte aguacero colapsó y se fue por el borde de un acantilado, para esa época escribir se me estaba volviendo un deleite y pude llegar a leer mis poemas y cuentos en distintos escenarios dentro y fuera de la región. He publicado en colectivo (sinfonías iniciales.2000. Editorial Entreletras. Suenan voces.2012. Editorial Sílaba editores. Continuidad del horizonte.2021. Editorial Entreletras. Libro Multimedia de literatura llanera, 2004. El Zahir editores) y una publicación en solitario. A la altura del deseo. 2011. Editorial Entreletras. Poesía.

Mi trabajo literario considero que aún está en modo pupa, hay algunos textos inéditos que están en el remojo y en la nevera, cogiendo fuerza con el tiempo o muriendo aún no sé.

Pasando a respuestas más generales y en relación con el objeto de este homenaje, me preguntas que cómo mis acciones y mis talentos contribuyen a la democracia. Podría decir que todo ser vivo y ciudadano merece ser tratado con respeto y amor y eso precisamente es lo que hago desde mi quehacer.
Actualmente compagino la lectura y la escritura con mi ejercicio como terapeuta holística en un lugar llamado Espacio Abad qué está dedicado ayudar a resolver conflictos de dolor físico, dolor emocional y dolor espiritual. Apoyados en saberes ancestrales cómo la reflexología, la diagnosis por medio del péndulo, las varas de radiestesia y distintas técnicas de nuevas medicinas, en fin, en esa búsqueda de milagros mediante la Sanación Pránica© de Máster Choa Kok Sui. ® Y la enseñanza de este saber algunos estudiantes inquietos.

¿Cómo escritor, qué acciones consideras que deben implementarse en las editoriales?
Realmente no sé mucho sobre la producción literaria de/en países como Venezuela e India. Pero lo que sí sé, a manera de juzgamiento, es que en general todo escritor e intelectual que ponga la mirada en lo puesto que un gobierno promulga lo hace ostensiblemente llamativo para ser vigilado, controlado y en algunos casos obligado o constreñido tipo George Orwell y su hermosa y contemporánea novela 1984. Pienso que ser esclavizado sería más apropiado en este caso, para escritores e intelectuales que sin tener otra opción en lo que a ellos parece, prefirieran doblar la cerviz y ponerse a la orden del gobierno y las políticas de éste, sin importar que estén en resonancia con las verdaderas exigencias de un pueblo.

Eso me parece tremendamente esclavizante y aquí en Colombia hay varios, muchos esclavos. Si una editorial en realidad de verdad quisiera blindar (si se puede usar esa expresión) a sus escritores, debería por todas las circunstancias no vincularse ni vincular a sus escritores en política, como una participación en devolución de favores.

Relación a la segunda pregunta…qué acciones llevas o llevarías…. Pienso que para lograr el salto a un cambio de paradigma es necesario observar el momento presente y así entonces poder hacer las cosas distintas pero para que cambien las cosas primero debe cambiar uno. La mirada del presente entonces se convierte en un momento de transición y así se transforma el paradigma. Las condiciones de cambios se generan por decisiones o por crisis. Todo sirve.

Desde mi que hacer como terapeuta holística he sido más consciente de las acciones qué he puesto en práctica para tener una vida más llevadera y un destino quizás más favorable. Ahora, me preocupa más en la forma como mastico por ejemplo, cosa que para mí eso no tenía ninguna importancia y tengo que aceptar qué la formación qué he recibido de las enseñanzas ancestrales de algunos lugares de Asia me han enseñado, también he aprendido, que entre más correspondiente sean mis acciones a las exigencias de mi corazón mejor satisfacción encontraré a medida que voy llevando mi vida. Los seres humanos estamos todos hechos de las mismas condiciones sin excepción todos deseamos conocer la verdad de verdad, ser amados en realidad por lo que somos, poder amar en libertad, todos deseamos ser libres. ¿No?

Si. Considero que hasta el más miserable de los miserables en un momento puntual o dramático alcanzará a desear la belleza por pequeña que ésta se presente ante sus ojos.
Es innegable que el mundo asiático ha ido penetrando al resto del mundo, y con esa penetración también esos valores o principios propuestos por Confucio relacionados con la equidad, la moral y la armonía como estandartes de algunos países asiáticos, no todos. Y lo que era antes lejano y misterioso se fue traduciendo en una presencia importante en la política la economía la cultura y el pensamiento religioso.

Que iba yo a pensar qué mi adolescencia estuviese condicionada en ese amor romántico con series como Candy Candy que hoy vengo a saber que ya eran tipo anime, es decir que yo fui una consumidora de manga/anime sin darme cuenta. Terminó siendo además de una oveja coja una hija pródiga del anime y su presencia en mi vida. Vea pues.

CHANGING

Ahí viene Miguel Escamilla caminando hacia mí en la punta de los pies, con la cauchera y una cáscara de naranja lista para ponérmela en la cara, así a mansalva, justo cuando él cree que duermo sobre el pupitre, cómo lo hago siempre mientras los demás juegan sin profesores a la vista. Ya hice las tareas que dejaron para mañana y las planas que puso la señorita Prada, La Bella. Cuando no tengo nada más que hacer, mientras tocan la última campana, duermo plácida sobre mí pupitre, abrazada a mi maletín de cuero con las letras ABC en relieve. Dormida mis pies suben montañas, caminan sobre las piedras de los ríos y saltan campeones sobre una rayuela.

Y no es que no me guste jugar al soldado libertador o ser un vagón del puente está quebrado o algo así, pero me cansa hacer siempre de cárcel y ver cómo se mueven los demás de un lado a otro y a mí se me calienta la sangre y nada, por no correr, a mí no me dejan ser otra cosa que la cárcel, y ni qué decir del puente está quebrado, siempre soy un poste y todos los que me escogen halan y seguro caemos al piso, así que nadie me escoge. La última vez el puente quedó así: Yo era manzana y Karla era pera. Como saben que caigo fácilmente todos escogieron pera y yo quedé haciendo fuerza sola contra todos; total me fui de cara contra Los hijos del rey y me desportillé el amor propio.

No hay mucho que jugar en los descansos cuando estás condenada a cargar a cada lado de tus piernas un par de varillas que surgen de unas botas ortopédicas negras para la escuela o blancas para la casa, como las que usó Frida o como a las que le pusieron al memorioso Forrest Gump.

Prefiero dormir para no soñar despierta, dormir para anestesiar la rabia de mi infancia. Hoy no estoy dispuesta a dejarme “caucherear” el rostro, sentir de nuevo esa mezcla de dolor caliente y rabia. Ahí viene Escamilla despacio como un gato. Con cada paso siento como si me va rompiendo el corazón de la inocencia y quiero que se acerque para comprobarlo. Me sudan las manos mientras abrazo el maletín de cuero, mis ojos imperceptiblemente abiertos no le quitan la mirada de encima y sucede.

Se acerca felino a mí, que estoy sin alas, ave indefensa, caída del árbol de la dignidad tan temprano y tan repetidas veces, Estira el caucho y los demás guardan un silencio cómplice para que yo no despierte y poder reírse, con esa risa perversa que distingue a los niños de tercer grado. En ese silencio de paredón me lanzo como una hiena, con ganas de comérmelo vivo, lo muerdo y lo tiro al piso con fuerza mientras mis piernas pesadas por las botas con varillas lo patean en la cara, una y otra vez, y grito, grito como cuando te lanzas en jumping hasta que su nariz se pone toda roja y húmeda, tiemblo, él chilla como perro, en esas entra al salón la profesora Inés Prada Gómez, La Bella. Me quita de encima y pregunta qué pasa y yo le cuento a gritos, en medio de los gritos de los otros, lo que me viene pasando hace tiempo y les recuerdo el morado de hace dos días en mi mejilla y le digo que ya no puedo más y lloro, lloro como nunca antes, lloro feliz de haber sacado alas después de sentirme como muerta. Inés Prada lo mira y lo envía a la enfermería con dos niños, a mí me lleva a la oficina de la directora en el último piso del edificio, no pregunta nada, no dice nada, siento su mano sobre mi hombro mientras caminamos por el gris oscuro del pasillo. Sólo se escucha el murmullo de los salones con sus puertas cerradas y el odioso golpe de mis aparatos ortopédicos a cada paso.

La directora escucha atenta mi versión con todo y el historial de moretones, escribe en un gran libro verde sobre mis repetidas denuncias, pongo por testigo a La Bella. Ella asiente en silencio y baja la mirada.

La directora casi no se deja ver por los pasillos. La reconozco porque es ella quién pone las banderitas en el pecho en las izadas de bandera, le hace una seña a Inés Prada, La Bella y salen para la enfermería, me quedo sola en la oficina. En ese instante siento miedo, miedo de que mamá piense que soy realmente un problema y mis piernas como un par de pesas colgantes me lo confirman. El mapamundi, el mueble de archivo y las carteleras didácticas descansan como naturalezas muertas, pero ahora parecen cobrar vida y cada cosa que vive en la dirección me observa atenta y toma su turno para el veredicto. Es eterno el tiempo en este lugar y sé que sí me expulsan de la escuela mi reloj comenzar andar en reversa.

Al rato vuelve la profesora Inés, luciendo sus jeans medio sueltos y una blusa juvenil tan distinta de las blusas almidonadas de las demás profesoras, entra a la oficina resplandeciendo una sonrisa de heroína con una regla de madera en la mano de esas que usan en “la letra con sangre entra”, levantó la palma de la mano derecha y cierro los ojos esperando el golpe de madera en mi piel.

Inés Prada, La Bella nunca ha usado la regla con los pingüinos de mi salón, pero es que esta vez le rompí la cara Escamilla.

Espero colgada del vacío, no tengo opción; le rompí la cara a mi verdugo y su cara sangrante es visible, en tanto que los rotos de mi alma y de mi estima parecen transparentes. De pronto el silencio indoloro me abre los ojos, veo la sonrisa dulce de La bella y sus manos me tocan y su voz habla en tono de hada madrina y me dice que no volverá pasarme otra cosa igual. Junto a todo esto y sus grandes ojos avellana se me despliega el cielo y descubrió libélulas doradas revoloteando en su entorno.

Me lleva al salón y allí delante de todos me hace entrega oficial de la regla, que mide un poco más de la mitad de mi tamaño y avisa a los demás que de ahora en adelante estoy autorizada para defenderme cada vez que alguno quiere atacarme a caucherazos, o intenté empujarme por las escaleras de espiral o grité apodos y ofensas, también les advierte que tengo licencia para usar la regla cuando lo crea necesario.

Ya no duermo más en mí pupitre. Ahora la bibliotecaria me prestas las llaves y mientras los pingüinos juegan hacer niños, yo grabo en mi memoria los mapas de tierras pérdidas de Stevenson, atrapó a los sospechosos de Agatha Christie o de Tintín, susurro los versos de Rubén Darío, me sonrojo con las ocurrencias de Neruda y sueño con darle fuerza a mis pies apunta de palabras como lo hizo Rimbaud a los diez años.

Los libros me han hecho más famosa que la regla de madera aunque aún la conservo por si a Escamilla le da por la revancha. Algunos me buscan para hacer acrósticos y poemas en hojas de cuaderno o escribir despedidas para los de quinto. Soy escriba de cartas secretas para los pingüinos precoces, incluso he hecho favores de este tipo a Miguel Escamilla, quién resultó ser solo un cobarde admirador de las niñas más grandes y un perezoso para las composiciones en español.

Desde el día en que la Bella me dio alas, dejé de ser la oveja coja. Algunos pingüinos tímidos me buscan para que los defienda de los temidos, ahora algunos me dicen La mujer biónica Y aunque mis piernas aún no tienen cables, yo les creo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba