Alfonso Javier Fernández de Gea

Alfonso Javier Fernández de Gea. Nacido en el pueblo de Cehegín (Región de Murcia) en Junio del año 1998.

Empecé a escribir a finales de 2017, cuando terminaba mi bachillerato y me preparaba para entrar en la universidad. Descubrí la poesía primero como un hobby, después ha sido algo más serio, una forma de vida. Publiqué mi primer libro si no me equivoco en 2018, con la editorial ‘La de Grandes Detalles’, titulado ‘Versos de Cafeína’. Como era semejante mierda, decidí no volver a publicar ni depender del sistema editorial podrido de este país.

A partir de ahí seguí escribiendo para mí y mis amigos, he publicado en PDF y de forma personal dos libros: ‘Cuando grita el alma’ y ‘Junto a la Hoguera’ , además en mis redes sociales de vez en cuando publico algún poema. Participo cada miércoles en el micro libre organizado por Cooperativa Ítaca.

También he participado en varias antologías (‘Miradas desde la experiencia’ Y ‘Poemas contra el Olvido’) y en varios eventos poéticos (‘Noroeste 16 y 17’ , ‘Callejeando por Cehegín). Además, he organizado conciertos y recitales como gestor cultural.

Desde hace unos 3 años escribo periodismo y participo en diversos medios como eldiario.es de la Región de Murcia. He empezado a escribir algo de narrativa y a descubrir la poesía de una manera más íntima. Mis pasiones: Cultura y Periodismo. El plan de mi vida: seguir adelante, escribiendo y publicando, vivir la poesía desde dentro y disponerla pública y gratuitamente para que quien quiera, pueda disfrutarla.

MIRANDO CÓMO SE HUNDE 

Nunca entendí mucho los números y los diagramas. Al igual que Whitman, siempre hui de ellos para mirar en silencio perfecto a las estrellas. Desde mi lado del mundo me dicen que esto se hunde. El IBEX baja en bolsa, Wall Street cierra varias veces en un mismo día, todas las economías se confunden. Esto se está desmadrando y desde mi lado del mundo me quedo mirando como se hunde.

Tengo un plan: tendré una huerta. Tendré una huerta un día y plantaré mis tomates, como me enseñó mi abuelo. Y trabajaré con otros para plantar el sueño dorado de un futuro propio. Desde mi lado del mundo todo parece posible. Mientras el mundo se hunde, bebo mi copa de vino, fumo: yo me lo estaba esperando.

Una parte de mí se regocija pensando en todos los banqueros y empresarios que estarán tirándose de los pelos. Otra parte de mí sabe que al final siempre pagarán los mismos. Otra parte de mi sabe que cuando todo esto pase no habrá huerta, ni estrellas, ni vino. Que me gustaría luchar pero está la batalla decidida si no gritan al unísono todas las personas de la tierra.

Y aún así me aferro a que esto haya ayudado a alguien, que haya servido para encerrarnos en nosotros mismos y darnos cuenta de que todo está rodeado por los otros. Me aferro a que el fin de esto sea el principio de algo, me aferro al fénix dormido que habita en mi pecho, una vez más, a un proyecto común, a un sueño más, a una ilusión más, de ilusiones vivo y viviré aunque me hayan arrancado el corazón de tajo y lo hayan quemado junto a ellas quienes conmigo las construyeron. Porque creo fielmente en el ser humano, creo fielmente en que durante el camino encontraré Sanchos que sigan la locura de este Quijote.

Al final viviré mis sueños o moriré molido a palos por las ambiciones de unos pocos. No importa, ellos pierden: Yo habré conseguido ser feliz.

SE ME HABÍA OLVIDADO QUE ES PRIMAVERA

Hoy he salido a la calle un momento y todo estaba limpio. Al pasar al lado de unos árboles florales me ha invadido un olor, sus flores germinando como un milagro en este día me han recordado que todavía es primavera. En el barrio el silencio es orden, en el que a veces se escuchan los pájaros trinando. Al caminar me he sentido como en mi pueblo, como lo echo de menos. Echo de menos encontrarme en medio del mundo y tener a la natura como única compañera, echo de menos cada paso, cada cambio de ritmo, cada parada que hago para observar todo ese espacio.

Cuando estoy en el pueblo el silencio me invade. Es un silencio cómplice, un amigo solitario al que cuento mis secretos. El sol le acompaña, los pájaros, los árboles, el río desde lejos, las casas viejas, el olor de Cehegín. Cada detalle explota en mi memoria como un festival de sensaciones y las lágrimas de mi alma se vierten en la copa del tiempo.

Todo esto es casi irreal cuando al salir a la calle el mundo está parado. Veo escenas de película: una música de orquesta en la panadería mientras la gente espera su turno para entrar, hay mucha gente, sólo van a comprar el pan. Y quieren que no le dé luego a la botella de vino, ¡si esto es mentira!

Pero todo este sinsentido guarda un secreto sin- cero: la primavera está creciendo sin interrupciones, la noto en mi piel y en mis huesos. La tierra es pura resiliencia y nos enseña a amar y a seguir adelante. ¿Cuánto deben aprender todavía los humanos?. ¿Cuánto nos habrá de costar la próxima gran revelación?

El CORONAVIRUS

Una aproximación política y filosófica desde el pensamiento libertario

Breve resumen del pensamiento libertario:

*La sociedad está organizada en dos clases: opresores y oprimidos.

*El ser humano ha endiosado a la razón, que se usa para mantener el sistema de clases.

*El individualismo es producto a la razón y ha llevado al ser humano a su peor situación, haciendo más asfixiante la madeja de los oprimidos.

*La solución a nuestra sociedad es la anarquía. La anarquía no significa “sin orden” sino “sin poder”

*El colectivismo y la cooperación entre todas las personas es la vía para llegar al orden y conquistar la inocencia.

*La conquista de la inocencia debe ser el objetivo común para cooperar entre nosotros y formar así una sociedad más feliz.

El coronavirus expone nuestras fragilidades.

Se oyen aplausos en las calles ¿Ha pasado algo nuevo? No, las personas a las que se les aplaude siempre han existido, pero las habíamos olvidado… hasta ahora.

El coronavirus ha expuesto nuestras debilidades. Ahora es una certeza: no podemos sobrevivir sin cooperar. Necesitamos sociedades colaborativas en las que unos aporten a otros sin la vanidad del poder y sus privilegios, que no son más que censuras a los otros.

Hemos crecido con un plato de comida en la mesa. El agua que bebemos, el internet que pagamos, el espacio en el que trabajamos… todas las partes de nuestra vida están infinitamente unidas a un engranaje que debe funcionar para que nosotros funcionemos. Aún así, cuando han intentado poner palos en el engranaje, nunca los hemos quitado por miedo a pillarnos las manos.

Es hora de lavarnos las manos. La responsabilidad sanitaria debe convertirse en responsabilidad social y política. Debemos (cuando todo esto se acabe) salir a las calles y formar asambleas, grupos que trabajen unidos y construyan un país mejor. Debemos luchar para conquistar la inocencia y devolver a todos aquellos que hacen tanto por nosotros un poco de su esfuerzo. Todos en la misma dirección, para crear algo nuevo y bueno para el ser humano.

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